Colaboradores

2 Feb 2014
Colaboradores | Por: María Martínez

Una salvadoreña en Venezuela

Todo es posible y ningún escenario puede ser descartado en este país suramericano, que es famoso por su situación política y las playas exóticas con las que cuenta. 

 

Venezuela, país de mujeres bellas, del ron, la arepa y playas exóticas. Este fue mi destino para pasar las fiestas de navidad y año nuevo. Emocionada de pasar unos ricos días en el calorcito y escapar del duro invierno de Toronto emprendí mi viaje a este paradisíaco país. Soy salvadoreña actualmente viviendo en Canadá.  

Mi primer destino al llegar a Venezuela fue la famosa Isla Margarita,  en la actualidad el centro turístico venezolano más reconocido en el mundo.  Después de pasar unos días disfrutando del sol y la playa, decidí también aprovechar y conocer los enormes centros comerciales que abundan en la Isla. Parque Costa Azul es uno de los más nuevos, tiene un sin fin de tiendas de las más reconocidas marcas.

Cuando caminaba frente a la tienda “Crocs” me doy cuenta que había una gran cantidad de gente dentro y fuera de la tienda, se veía un gran “relajo” como dirían en mi patria. Tres tipos vestidos con uniformes militares y boinas rojas ordenando al comercio a vender la mercadería al “precio justo”. Si estos cambios  no se hacen efectivos de inmediato, el comerciante corre el peligro de que le cierren su tienda. Obligados a vender por debajo de sus costos en la mayoría de los casos, estos empresarios se reúsan a reabastecer su inventario porque para que seguir perdiendo su inversión. Tiendas como Zara y muchas otras están completamente vacías luego de las medidas tomadas por el presidente Nicolás Maduro.

Venezuela tiene una grave escasez de todo: de alimentos, de papel higiénico y hasta de medicinas; tenés que visitar hasta cinco farmacias para encontrar un fármaco para la gripe.Vas a los restaurantes y antes de ordenar, el mesero te dice la larga lista de los platillos que NO hay disponibles.  De verdad que es impactante vivirlo. Es triste como un país con todo el potencial y riqueza de petróleo ahora tenga una de las inflaciones más altas, escasez y delincuencia desatada.  Bien dicen los venezolanos que su país se ha convertido en un circo, basta ver el video del saqueo de la famosa tienda de electrodomésticos “Daka” para darte cuenta de esto.

Lo anterior es, en gran medida, consecuencia de la feroz crisis económica que hoy viven esa nación suramericana. Dicha crisis  es ocasionada por un asfixiante control cambiario según el cual y desde hace más de una década, los habitantes de este país solo pueden comprar divisas extranjeras (dólares) bajo un estricto control del gobierno y solo un máximo de $2,500 dólares al año. 

Esta restricción de la economía no solo imposibilita que los venezolanos puedan viajar al exterior, sin importar cuánto trabajen o cuánto dinero tengan. Algo más importante, los comerciantes o empresas establecidas en el país no tienen como cubrir sus responsabilidades (deuda en dólares) con sus proveedores internacionales, lo cual como es de imaginarse, ocasiona escases (a lo que me refería anteriormente).

En la actualidad, la escasez de dólares ha llegado a niveles nunca antes vistos. La deuda que el gobierno venezolano tiene con proveedores de todos los rubros se ha salido de control, a tal punto que las aerolíneas internacionales (American Airline, Air Canada, Copa, Lufthansa, AlItalia, entre varias otras) han decidido suspender sus operaciones en el país dejando a Venezuela incomunicada y sumida en un caos económico y social del que no se vislumbra que salga en mucho tiempo.

La situación política y económica que enfrenta Venezuela es complicada. Todo es posible y ningún escenario puede ser descartado. Es impresionante ver personas que pierden su casa la cual compraron con mucho esfuerzo;  si trabajaste muy duro y lograste ser propietario de más de una vivienda, corres el riesgo que te la invadan. Una vez invaden tu casa “extra” es muy difícil desalojar a los ocupantes, no importa que vos seas el propietario, el gobierno favorece a estos “inquilinos”.

Una cosa es leer todo esto en las noticias o el periódico (del cual por cierto también hay escasez,  más de 80 periódicos amenazados de cierre por falta de papel) y otra es experimentarlo y ver cómo afecta a gente que conoces, peor aún imaginarte que tu país pueda seguir este camino.

Este 2 de febrero nadie se puede quedar sin votar. ¡Votemos por El Salvador!

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