Colaboradores

30 Jul 2017
Colaboradores | Por: Daniella Castro

Una salud que los salvadoreños no pueden ver

Al menos una vez por semana, los titulares de los periódicos salvadoreños más importantes son dedicados a la salud. Problemas con los escalafones, falta de medicamentos, propagación de nuevas enfermedades y demás son los tópicos más recurrentes. Debido a su gran protagonismo, el cual es comprensible,  hay aspectos dentro de este ámbito que siguen teniendo poca relevancia. Uno de ellos es la salud mental de nuestra población. 

Normalmente, asociamos el “estar bien” con aspectos meramente físicos. Sin embargo, para que una persona se encuentre en un estado saludable también se debe de considerar los aspectos que van más allá de lo visible. Por el estilo de vida y ambiente que se vive en el país es recurrente que existan casos de ansiedad y depresión, incluso suicidios. Lo preocupante es que estos se presentan, en gran medida, desde edades tempranas. Solo en cuestión de la depresión se registran índices desde los quince años, según datos recogidos por el Ministerio de Salud (MINSAL).

Solo durante el 2016, se calcularon 965 intentos suicidas. Si bien puede parecer una cifra mínima a comparación de la cantidad de salvadoreños que habitan el país, esta sirve para confirmar la existencia del problema. Hasta ahora, se ha detectado la presencia de enfermedades o condiciones mentales que ponen en riesgo la vida de los ciudadanos. Sin embargo, este solo es el primer paso para hacerle frente a la situación.

Como en cualquier otro conflicto, es necesaria la acción. En primer lugar, por parte de las instituciones  competentes al momento de brindar las consultas y tratamientos. Hace menos de un mes, la Asamblea Legislativa aprobó la ley de salud mental que fue propuesta en enero por el Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MSPAS). En ella se aborda los derechos y rehabilitación de las personas que sufren algún trastorno mental. Ahora que esta ley fue aprobada, es vital el papel de este ministerio para la reducción de los índices. Este no solo debe de ser accesible para los pacientes, también la atención y rehabilitación que ofrezcan tiene que ser eficaz.

No obstante, la mera aprobación de una ley no es suficiente para  frenar el problema, sino la capacidad de las instituciones para ponerla en práctica y el rol de la población como un actor que exige el cumplimiento total. A esto se le debe de sumar el aspecto de la educación, llevar a cabo actividades que propicien un ambiente idóneo donde la salud mental se vea como una prioridad. Hay que comenzar a eliminar las concepciones erróneas que giran alrededor de este tema. Ya que, en muchos casos, son estas las que frenan a las personas al momento de pedir ayuda.

Debemos a comenzar a promover una educación donde la salud salvadoreña no se encierre solamente en aspecto físico. Comenzar a inculcar desde edades tempranas la importancia de recurrir a psicólogos o psiquiatras, según sea el caso, para tratar complicaciones mentales. Solo por medio de acciones es que este tema tendrá la relevancia que se merece dentro de la agenda del gobierno y los medios de comunicación.

Junto con esto, se podrá encaminar a la población a una cultura que priorice este ámbito de la salud dentro de su vida cotidiana. Y, en este punto, es cuando las cifras de muerte y enfermedades de este tipo podrán tener una reducción significativa.

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