Colaboradores

18 Feb 2017
Colaboradores | Por: Paula Magaña

Una relación consumista

Mediante vamos creciendo como personas, nuestro círculo social también lo hace, vamos adquiriendo nuevas experiencias, pero estas no son todas buenas; sin embargo, sin excepción, nos dejan una enseñanza de vida que nos ayuda a afrontar de mejor manera los obstáculos en nuestro camino.

Cuando decidimos compartir nuestra vida con alguien más, a veces idealizamos a esa persona, tanto físicamente y emocionalmente, esto no debería ser así. Damos todo de nosotros, nuestro cariño, afecto, comprensión y disfrutar de la vida con esa persona especial, nos volvemos capaces de hacer cosas cualquier cosa por ese “amor”. Por si fuera poco, al iniciar cualquier relación vemos los defectos de la otra persona como mínimos, ya que todo parece “perfecto”, entramos en la etapa que se conoce como “luna de miel”.

Al cabo de un tiempo, pueden ser meses o años, las relaciones se dañan por diferentes circunstancias siendo una de ellas la desconfianza, de uno o ambos. Esta desconfianza da paso a los celos, termina todo en discusiones y daños emocionales, o en el peor de los casos, inclusive físicos. A veces, el daño es tan grande que se sufre de violencia y los pequeños insultos se vuelven golpes y las ofensas o discusiones ocasionales se vuelven ofensas del día a día; en este punto, las personas se llegan a preguntar cómo pudieron llegar a esto.

En tal punto, solo queda el recuerdo de cuando todo era “perfecto”, la relación se ha vuelto consumista de energía, satisfacciones y totalmente negativa para la persona. Entonces, no se encuentra la solución, ya que solo se viven más malos que buenos momentos con la pareja, aun así no somos capaces de dejar ir esa relación porque en el fondo hay una pequeña esperanza que algún día todo vuelva hacer como era antes.

Por otro lado, hay relaciones que nos consumen positivamente, es decir, en la que nuestra pareja nos inspira para ser una mejor persona, nos apoya en nuestros planes y nos impulsa a crearnos más metas; así como, nos da a conocer en lo que estamos fallando y cómo podemos mejorar. En este caso en específico, junto son capaces de resolverlos, por lo que existe una buena comunicación y gran fuerte confianza; ambos respetan su propio espacio, aprenden a quererse con sus defectos y virtudes, lo cual los hace ser una pareja estable. Este ejemplo son aquellos que no pretenden tenerse atados el uno al otro, sino que, al contrario, buscan mejorar como personas y en su relación.

Con esto, ya somos capaces de identificar en qué tipo de relación consumista estamos, ¿acaso será aquella relación en la cual estamos buscando ser mejores personas? o ¿aquella en la cual nos estamos quedando estancados descuidándonos a nosotros mismos, a los que más queremos y en la que somos conscientes que no tendrá un buen final?

Soltar o seguir en la relación es una decisión personal, que se debe tomar enfocándonos en el amor a nosotros mismos. Pueda que venga, después, algo mejor para nosotros, esa persona que nos genere estabilidad y confianza, no obstante, jamás lo descubriremos si no dejamos ir esa “persona tóxica”, no podremos ser libres y, al mismo tiempo, nos estamos autodestruyendo.

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