Colaboradores

22 Sep 2018
Colaboradores | Por: John Guzmán

Una reflexión sobre la educación

Sentarse en un pupitre para recibir una clase de matemáticas es uno de los grandes legados que los padres dejan a su descendencia. Mientras ellos trabajan, sus hijos se centran en actividades académicas. Aunque, hay que reconocer que algunos trabajan y estudian.  No obstante, exponer la relevancia de la educación es el propósito del siguiente texto.

Estudiar en El Salvador es una hazaña en la cual se embarcan muchos, pero, desafortunadamente, solo unos pocos llegan a tener la experiencia de conquistar su título. La Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples de 2017 explica que de las 2,752,094 personas que conforman la población ocupada salvadoreña el “(…) 13.0% han aprobado 13 o más años de estudio, donde se ubicarían personas que han aprobado algún nivel universitario, sin necesariamente haber finalizado su carrera.” (Pág. 23). Esto revela el desafío que compone el educarse.

Un estudiante enfocado en lo que quiere ser cuando sea grande reconocerá que es un privilegio saber leer y escribir. Estas habilidades son las que tendrá que cultivar y apreciar porque son fruto directo del esfuerzo de su núcleo familiar y le facilitarán encontrar un trabajo en el porvenir. Si usted piensa que estudiar no conlleva sudor y que no hay dificultades para ello, le invito a que sepa lo que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sostiene a través del estudio titulado La pobreza en El Salvador Desde la mirada de sus protagonistas: “El hijo menor de Alba decidió buscar un trabajo antes que ir al bachillerato, todo por uno o dos dólares que no suelen llegar a la bolsa todos los días. La cora del pasaje es la gran barrera para continuar los estudios” (Pág. 59)*. La pobreza en muchas ocasiones impide que un niño asista a la escuela.

En este mes de septiembre, donde nuestra nación cumple su independencia patria hay que reformularse en qué estamos invirtiendo los recursos. Hay sectores que necesitan cierto grado de atención económica, entre ellos está la educación. Tener jóvenes que, mediante su grado de preparación emprendan negocios, sean entusiastas y resilientes nos ayudará a todos. Hay que preparar el terreno para que existan más ciudadanos conscientes de que pueden construir soluciones a los problemas económicos y sociales que pasa nuestro país. Esto tiene que ser un tema que afecte el diseño de hasta nuestras políticas públicas. Hacerlo incrementaría las probabilidades de ser foco de inversión en el mediano y el largo plazo.

De ahí que las desveladas, beber café en exceso para estar activo, correr por el bus, sacrificar horas libres para el involucramiento en actividades extracurriculares cobra sentido. La educación es una aventura llena de retos y cuestiones duras que hay que saber cómo esquivar. Por tanto, ese dicho trillado que dice que todo esfuerzo tiene su recompensa no está tan alejado de lo patente. De todos modos, esforzarse mientras se cuenta con energía y fuerza es una idea brillante.

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