Colaboradores

19 Ago 2018
Colaboradores | Por: John Guzmán

Una lección de optimismo

Así como el hombre dominó el fuego, descubrió que podía explotar los grandes yacimientos petrolíferos, manipular el curso del agua en pro de alimentar las plantas que sembró, así tiene que aprender a trabajar en su ahora para influir determinantemente en su futuro. Construir lo que quiere desde el presente. Definir un plan y seguirlo, a pesar de las circunstancias. Una lección de la gran escuela de la vida, donde darse por vencido significa entregarse a una vida de conformismo y de negativismo. Por esta razón, encontramos ciudadanos desmoralizados que piensan que no pueden transformar su sociedad desde su mismo ambiente.

Los salvadoreños han sido testigos de cambios buenos y malos a través de la historia. Algunos de los cuales han sido correctos porque siempre existen y existirán entre nosotros personas que nunca se dan por vencidas, y creen en la bondad de las posibilidades. Esas son las que reúnen las agallas necesarias para transformar su mañana, con base en su hoy. Muchas veces su historia de cómo fue que llegaron al lugar dónde están, cómo reaccionaron cuando su entorno se dificultó y cómo no se quejaron cuando todo a su alrededor parecía irreversible. No obstante, supieron sobreponerse por sus metas en el momento preciso.

Despertar ese espíritu de avance en nuestra población y juventud depende de la difusión de todos aquellos esfuerzos que hicieron las generaciones anteriores para superar barreras e inconvenientes temporales. Si queremos sacar adelante a la ciudadanía, se tiene que trabajar desde las mentes hacia los salones de clase, hacia los hospitales, las instituciones gubernamentales y sembrar superación, y optimismo en lugar de propagar las ganas de quejarse, las cuales son el ancla al subdesarrollo. Cuando realmente se trabaje por distribuir inspiración, salud y educación en la comunidad salvadoreña, entonces la delincuencia y la corrupción comenzarán a descender.

Un apoyo sólido y constante del gobierno, y de las instituciones privadas nacionales e internacionales permitirá que nuestra juventud encuentre el camino libre, donde pueda enarbolar la bandera de una carrera vocacional y universitaria. Si aparecen más ciudadanos que amen lo que hacen, entonces surgirán más individuos emprendedores y visionarios.

Sin embargo, eso no será generación espontánea, eso se producirá cuando los discursos bien intencionados vayan acompañados de acciones y proyectos con la suficiente potencia para que la juventud trabaje con los recursos que existen en nuestro país, moviendo el tejido económico, político y social de El Salvador. Estoy seguro que hay muchos ciudadanos en El Salvador con muy ideas asombrosas, pero no se les ha dado la atención ni el presupuesto que ameritan. En nuestro país, existen talentos no descubiertos por las autoridades adecuadas.

En resumen, cuando se comiencen a destacar los ejemplos de superación salvadoreños, entonces se estará marcando el camino que arrastre a miles de personas a trabajar por romper los círculos de desigualdad que se han construido en nuestro país. Fortalecer ese espíritu de superación entre nuestra población nos conducirá a borrar estos tiempos de decepción y preparar lo que realmente queremos para esta nación.

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