Colaboradores

12 Dic 2014
Colaboradores | Por: Abner Alvarenga

Un verdadero proceso de pacificación

Ya basta de discursos bonitos con retórica populista por la inminente campaña electoral. El Salvador quiere y exige soluciones reales.

Toda negociación para la paz social requiere de mucha sinceridad. Es decir, los victimarios deben estar dispuestos a no generar más violencia para poder construir un diálogo que beneficie a toda la población en general.

El 14 de marzo de 2012, El Salvador entero se estremeció con la noticia de que la administración del entonces presidente Funes había negociado con las pandillas la reducción de homicidios a cambio de beneficios penitenciarios. Sorprendentemente, el gobierno de Mauricio Funes optó desde el inicio no solo por ocultar la verdad, sino que en varias ocasiones mintió. Dio al público una versión distinta a la de la realidad sobre el traslado de líderes pandilleros, sobre el motivo del traslado, sobre la razón del desplome de la incidencia de homicidios, sobre las reuniones con jefes pandilleros en el Ministerio de Seguridad y sobre la entrega de fondos públicos focalizada en pandilleros.

Desde entonces, la población ha sido crítica de esta “estrategia” de seguridad que a simple vista defiende más los intereses de los pandilleros que los que la gente trabajadora, honrada y luchadora de nuestro país. Los salvadoreños exigimos al gobierno actual del FMLN que defina una ruta clara en seguridad donde ya no sigan defendiendo los derechos de los mareros que solo han causado luto y dolor a las familias salvadoreñas.

Los líderes pandilleriles han dicho que quieren un proceso de pacificación en diferentes ocasiones, apadrinados por el obispo Colindres, el señor Mijango y hasta por los mismos directores de centros penales. Sin lugar a dudas también debajo de la mesa el ministro de Seguridad, así como del propio presidente que en ocasiones ha dicho que no sirve de nada encerrar en la cárcel a estos criminales. Estoy seguro de que estas declaraciones y apadrinamientos generan preguntas en la mente de cada salvadoreño, por ejemplo, ¿si será esta la estrategia de seguridad del gobierno de Sánchez Cerén? ¿A quién beneficia realmente la tregua?

Esas y más preguntas ni el gobierno mismo han querido responder, y no creo que lo hagan. Las pandillas hicieron un pacto que la población no percibió porque siguen asesinando, extorsionando, robando y secuestrando niños, jóvenes y hasta efectivos de seguridad militares y policías.

Si las maras realmente quieren dejar de delinquir mediante una verdadera tregua tienen que reconocer las miles de víctimas que han causado y empezar por entregar el dinero producto de la extorsión para un verdadero proceso de pacificación.

Muchos analistas han dicho que esta situación es un compromiso moral e histórico del FMLN con estos grupos antisociales, ya que los libros de historia que hablan sobre el antes, durante y después de la guerra civil que sufrió El Salvador, revelan cómo los comandos guerrilleros de aquel entonces, algunos de ellos liderados por el actual presidente Salvador Sánchez Cerén, secuestraban, extorsionaban, torturaban y asesinaban a empresarios, profesionales, a la población trabajadora y honrada y hasta a algunos de sus mismos compañeros que no estuvieron de acuerdo con su visión comunista y destructora, delitos que ya han sido confesados y aceptados por Sánchez Cerén.

El gobierno se ha enfrascado en discursos demagogos ignorando la grave situación de inseguridad que vivimos día con día en El Salvador. Estoy seguro de que el país entero prefiere seguridad y que no le regalen los útiles escolares ni los uniformes. Estoy seguro de que las mujeres salvadoreñas prefieren seguridad y no Ciudad Mujer; los jóvenes preferimos seguridad y no una universidad en línea. La población en general no quiere nada regalado, lo que queremos es seguridad y oportunidades para una mejor vida. Ya basta de discursos bonitos con retórica populista por la inminente campaña electoral. El Salvador quiere y exige soluciones reales.

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