Colaboradores

23 Mar 2013
Colaboradores | Por: Diego Carpio

Un secreto callado a voces

Después de graduarme como bachiller en 2010, las pláticas con mis amigos pasaron de hablar de los programas de televisión y películas del momento a un análisis improvisado y muy nuestro de la situación del país. Cada uno tiene sus diferentes opiniones y afinidad por diferentes partidos políticos, pero en lo que estamos todos de acuerdo es en que el país no avanza por que nosotros y nuestros gobernantes no quieren que progrese.

No es el descubrimiento del siglo, pero es algo que no queremos aceptar. Empezaré hablando de nosotros, ya que de nuestros gobernantes se habla mucho, aunque no significa que quedan exentos de mi opinión.

¿Por qué el salvadoreño no quiere que progrese el país? Fácil. Se ha acomodado a como está el país. Siempre se queja de que nada va bien, pero en realidad no hace nada por cambiar su situación y lo más fácil es echarle la culpa al gobierno. ¿Adónde quedó el salvadoreño que amaba trabajar? Creo que todavía existe, pero se está extinguiendo. Y la nueva especie que está surgiendo son los mantenidos. A pesar de la falta de empleo, siempre existe alguien que necesita trabajadores, y vemos casos de madres que trabajan para mantener a toda su familia, ya porque su pareja los abandonó o porque también es un mantenido, cuando dos sueldos pueden aportar más al hogar. Tan sólo hay que esforzarse un poco más.

Lamentablemente, las remesas, que mantienen a flote la economía del país, nos hacen más daño que bien. Cuando viajamos al interior del país, vemos antenas de compañías de cable en comunidades rurales, y no dudo que adentro hay un gran televisor que fue comprado con remesas. Esto sin hablar de los smartphones, que tienen a la población de nuestro país tan esclava.

Esto es solo hablando de la clase trabajadora; pero también los propios empresarios a veces hacen más mal que bien. Las grandes empresas farmacéuticas, por ejemplo, están con temor por las pérdidas que la nueva Ley de medicamentos les ocasionará. Estoy consciente de que tendrán pérdidas por los precios bajos, pero ¿qué es más importante para ellos: seguir lucrándose de la necesidad del pueblo o verlo ser aliviado? Uno no compra la medicina porque quiere, es una necesidad. La ropa es necesaria, para estar feliz como ser humano, para cubrirnos del frío y para vernos presentables cuando la situación lo amerita. Pero la misma industria nos hace creer que si no es de marca, no merece siquiera que la miremos. En nuestro país, la ropa es más cara que en los Estados Unidos y muchas personas revenden la ropa que compran allá mucho más barata. El consumismo nos tiene presos, pero así nos gusta estar.

Y ahora, del que todo se dice pero siempre queda debiendo: el gobierno. Sinceramente, antes de graduarme no me interesaba la política nacional; ahora me apasiona y creo que puede cambiar. La clase política de nuestro país se ha vuelto “peleonera”, como decimos los salvadoreños. “Ustedes son ladrones”, “ustedes son mentirosos”, “ustedes son caprichosos”, “son unos ‘hijos de papi’”, como se dijeron dos políticos en una pelea en Twitter. Si en lugar de pelear entre ellos se unieran para hacer cosas buenas para el país, cosas que realmente transcendieran, todo fuera diferente. Si en lugar de pinturas y esculturas, carros de lujo y seguridad, trabajaran para el pueblo todo fuera diferente. Si tan solo fueran más sinceros el pueblo confiaría más en ellos, pero lo que hacen es botar lo que otros hicieron solo porque no fue diseñado por su partido.

Lo que tienen que hacer es trabajar para el pueblo que los puso en el poder, y no ceder ante amenazas de transportistas, pandilleros, entre otros, sino velar por la seguridad y bienestar del pueblo.

*Colaborador de MedioLleno 

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