Colaboradores

11 Ago 2018
Colaboradores | Por: Jeferson Aldana

Un llamado a la razón

La historia política de El Salvador, a lo largo de los años, se ha visto manchada por la corrupción, por el miedo impuesto a sus ciudadanos, por la sangre derramada de quienes solo anhelaban un mejor porvenir. Desde las dictaduras militares, las represiones, y pasando por los fraudes electorales.

Ahora, al tener, aparentemente, una democracia, todos estos problemas dan la sensación de haber desaparecido. Dejando de lado la corrupción, la democracia salvadoreña tiene un nuevo problema. Parece que los años no han enseñado a los ciudadanos que de su participación política depende su futuro.

Alguien puede decir: “Los políticos no me dan de comer”, pero son ellos quienes deciden con quienes hacer tratos comerciales, con qué países mantener relaciones, que impuesto poner y quitar, que privatizar o como endeudar nuestro país. Esto solo por mencionar algunos de los temas que suele llegar a los oídos del público en general, ya que hay otros, de mayor envergadura, que los medios no siempre difunden.

En estos momentos, nos encontramos en vísperas de un año electoral, y ya nos vemos invadidos por los ataques continuos entre políticos. Además del bombardeo con noticias falsas, como si quisieran distorsionar nuestra visión.

A todo esto, hay que sumarle un factor dinamizador de problemas en nuestra sociedad. Cuantas veces he escuchado a personas decir que no les interesa la política. ¿Acaso no se dan cuenta que ese es el problema?

Como dijo Félix Ovejero, economista y profesor de la universidad de Barcelona, en su artículo “La democracia de los idiotas”: “la democracia moderna está pensada para operar con ciudadanos ignorantes y egoístas, despreocupados por la cosa pública”.

Además, Ovejero añade más adelante: “El diseño institucional del mecanismo democrático y la propia naturaleza de la actividad política se combinan para hacer improbable el buen funcionamiento del mercado político. […/…] La ignorancia y el desinterés serían su natural combustible”.

¿Hasta cuando van a seguir dormidas las personas, cuando se van a desligar del temor y a hacer valer su voz? Hay que recordar que en las elecciones no solo se van a llenar cargos de personas que van a estar por dos años y medio, o por cinco. Se están escogiendo representantes que van a tomar decisiones que trascenderán otras generaciones.

Citando al poeta y dramaturgo alemán, Bertolt Brecht:

“El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de las judías, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto […]”.

Las victorias no se ganan con la violencia, se ganan con el dialogo, con la manifestación de la voluntad soberana del pueblo de la manera correcta, con la democracia real. No vamos a sacar a los malos políticos con críticas al viento, sino con nuestra participación política.

Finalmente, mi llamado a cada persona es a no dejar de lado la política, la verdadera, la justa. Nosotros decidimos nuestro futuro. Quiero terminar esta columna con una frase de Edmund Burke: “Lo único que se necesita para que el mal triunfe, es que los hombres buenos no hagan nada”.

 

 

 

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