Colaboradores

16 Abr 2016
Colaboradores | Por: Christian Bustamente

“Un emprendedor nunca se da por vencido”

En el artículo anterior les conté sobre como inicie mi emprendimiento, y como también me había puesto de meta ser aceptado en un programa de MBA top de Estados Unidos; en esta entrega les cuento la sorprendente manera en que los dos proyectos se juntaron.

A finales de 2015, luego de literalmente CIENTOS de horas de estudio, investigación y esfuerzo había logrado obtener una calificación competitiva en el GMAT (690, percentil 87). Consideraba que tenía un perfil fuerte y había aplicado a varias universidades, incluso atreviéndome a aplicar a Harvard Business School. Sabía que las aplicaciones eran extremadamente competitivas, con la universidad “menos difícil” de entrar con una taza de aceptación abajo del 30%; el reality check vino cuando recibí la decisión de WAITLIST para mi opción más realista: McCombs business school de la Universidad de Texas en Austin, sentí hundirme al recibir las noticias, ser aceptado desde la lista de espera no es muy común.

1Si algo hacemos excepcionalmente bien los emprendedores salvadoreños, es no darnos por vencido; y esta no era la excepción. Texas tiene un foco muy fuerte en emprendimiento y como tal sostiene una competencia para candidatos, en la cual el primer premio es una muy atractiva beca y apoyo para desarrollar la idea. Naturalmente, aplique con Comanche Gear y sorpresivamente, me seleccionaron como semifinalista. Aunque al momento no era la mejor decisión financiera, tenía que aprovechar la oportunidad, así que viaje a Austin para la competencia.

El día del evento conocí a los demás participantes; de 14, 12 eran estadounidenses, 1 era de La India y yo de El Salvador. Los emprendimientos eran tan diversos que iban desde emprendedurismo social para favorecer a hijos de inmigrantes, hasta robots que automatizaban partes de avión. A pesar que todos éramos “rivales”, reinaba un ambiente de camaradería. Uno de los proyectos que me pareció más curioso fue el que quería hacer chips de plátano exactamente como los que se venden en nuestras calles, claro que le recomendé servirlos con limón, sal y chile, el algüaishte se perdió en la traducción. A pesar de la cordialidad, todos queríamos ganar y todos estábamos nerviosos sobre la competencia.

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Vista de la famosa torre desde el break room

Llegó la hora del concurso, el formato era el siguiente: 3 cuartos con 3 jurados diferentes, se iba a elegir un ganador por cuarto y de entre todos un “wildcard”, que sería la presentación más fuera de lo común. Cada presentador tenía 15 minutos para presentar y 5 para responder preguntas. Yo fui el primero en presentar en mi sala; se sintió completamente irreal estar en una universidad prestigiosa presentando sobre una modesta idea de negocios que desarrolle acá en El Salvador con pocos recursos y casi siempre cuesta arriba. La presentación salió muy bien, mi punto principal fue que era un producto hecho individualmente por artesanas que recibían un pago justo, y que la compra apoyaría a una comunidad necesitada en El Salvador. Luego de la presentación, me felicitaron y solo quedaba esperar los resultados.

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Mi presentación incluía muchas fotos de perros, a todo el mundo le gustan!

Luego de esperar, llegaron los resultados de la semifinal, todos teníamos los nervios de punta. Cuando no fui llamado a la final, sentí esa sensación de hundimiento que sentimos todos cuando no salen las cosas como queríamos. Quise estar presente en las presentaciones de la final para ver la calidad de las presentaciones finalistas, y convencerme que no hubo “amaño”. Solo puedo decir que las presentaciones me dejaron con la boca abierta, todas las ideas finalistas merecían haber llegado hasta allí y se notaba el alto grado de esfuerzo y conocimiento de parte de sus creadores. Las ideas finalistas fueron las siguientes: una aplicación para iPad que permitía a escolares aprender jugando sobre el sistema solar y los planetas, un instrumento para facilitar las inyecciones en la columna que simplificaba y hacia más seguro el proyecto, una leche a base de plantas que satisficiera una deficiencia en la oferta de ese tipo de productos y un sistema automatizado que permitiría acelerar la producción de aeronaves.

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Luego de la ronda final y del anuncio de los ganadores, de verdad sentí que aprendí muchísimo de esa experiencia, estaba orgulloso de haber hecho un buen papel a pesar de la ardua competencia; no ganar no duele tanto al saber que di mi mejor esfuerzo y que la competencia fue justa. La clave de los ganadores fue una combinación entre creencia férrea en sus ideas, conocimiento del mercado y la habilidad de convencer al jurado de que era una idea con potencial comercial. Nos tomamos la foto de grupo con la señal de los Longhorns y fuimos a tomar un par de cervezas en grupo. Al final todos parecíamos amigos con mucho tiempo de conocernos, una de las directoras del programa me dijo “we’ll keep an eye out for you” Lo cual me llenó de esperanzas.

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Hook ‘em! (no malinterpreten!!)

De regreso en la rutina de El Salvador, durante una clase de SAT que enseñaba, me llegó el correo “Bienvenido a McCombs!” mis alumnos me aplaudieron en ese momento, misión cumplida, y en buena parte gracias a Comanche Gear!

Por poco no logro escribir esta historia, hace un par de semanas durante una caminata ecoturística guiada, fuimos emboscados por delincuentes; agradezco poder estar contándolo, cuídense mucho, El Salvador es un país hermoso, pero el riesgo es real.

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