Colaboradores

2 Abr 2017
Colaboradores | Por: Daniella Castro

Tu salud, ¿dónde la dejas?

Es inevitable que el término “problemas” sea la primera idea con la que asociemos a El Salvador. No es para sorprenderse, basta con ver las cifras que rodean al país. Solo en los primeros 30 días del año se cometieron 252 asesinatos, según el director de la PNC, Howard Cotto.  A esto, se le suma el precario nivel en que se encuentra la educación y el clima de inversión, cada vez parece más preocupante. Podría llevarme una página mencionando las dificultades que debe de atravesar un salvadoreño en su día a día, pero hay una que merece prestarle atención: la salud pública.

Da la impresión que esta problemática solo se hace visible cuando se toca el aspecto del escalafón o el mal estado de los hospitales. Y sí, ambos son palpables. Es suficiente con pasar frente a una unidad de salud pública para comprobar la falta de medicamentos, el descuido de las instalaciones y el poco personal que no logra cubrir con la demanda de enfermos. Pero ¿se puede  asegurar que los padecimientos que afectan a la población tienen un solo responsable?

El año pasado, el Ministerio de Salud dio a conocer que un 65% de los salvadoreños mayores a 20 años sufren de sobrepeso y obesidad. Esto no solo significa un problema en el aspecto físico, de hecho esto es lo menos importante en este caso. El meollo de la situación está en que este porcentaje de la población, en la mayoría de veces, es la que después se encuentra fuera de los hospitales públicos preguntándose cómo va a tratar su enfermedad cardiovascular o hipertensión arterial, si no hay medicamentos y tampoco cuenta con el dinero para comprarlos.

Cada uno es responsable de su cuerpo y de lo que hace con él. La alimentación de ahora es lo que va a determinar la calidad de vida del mañana. Es atractivo, incluso emocionante para unos, el decidir desayunar todos los días pupusas, y es por dos razones. La primera es que en la mayoría de casos les resulta bastante económico y la segunda, sin dudarlo, son deliciosas.

Cada porción de comida que ingerimos, por mínima que sea, es la que va a permitir tener o no una grata regeneración celular para que el cuerpo y que con el pasar de los años, siga funcionando como es debido. Cada quien tiene el poder de evitar, o no, la diabetes, desequilibrio hormonal o enfermedad renal.

Ahora, con lo anterior no quiero quitarle la responsabilidad al Estado de asegurarnos una buena calidad de salud pública. Al contrario, es su obligación atender a cada habitante, darle su tratamiento y seguimiento en caso de recaídas. Un país, donde sus líderes políticos no se preocupen por mantener sana a su población, está destinado a tener un rendimiento mediocre y metas incumplidas.

El tema de la salud pública salvadoreña es de interés de ambas partes. Uno debe cuidarla y otro asegurarla. El estado de una refleja el de la otra. Por ahora es así, tanto al pueblo como el Gobierno le es indiferente la salud hasta que sufre un problema. Hasta ese punto es cuando se quiere encontrar un modo de parar el padecimiento, en lugar de  erradicarlo y evitar consecuencias mayores.

Hay que ser inteligentes, pensar en el contexto en el que estamos y en el futuro que nos espera. El Sistema de Salud Pública no da señales de tener mejoría, ni en corto, ni largo plazo. Es momento de cumplir con el famoso “prevenir antes que lamentar”. Empezar con un cambio de hábito. Reemplazar la gaseosa o refresco por agua puede evitarle el dolor y pena a una madre por no poder comprarle las medicinas a su hijo con cálculos en los riñones. Claro, para esto también es necesario que las autoridades eduquen a las personas, enseñarle que muchas de las enfermedades que nos afectan en la actualidad pueden ser evitadas si actuamos de una manera más consciente.

Nuestro panorama puede mejorar si en lugar de exigir una cura nos enfocamos en reducir los síntomas. En un mundo ideal, el sistema de salud tendría la capacidad de cubrir eficazmente cada necesidad, pero estamos lejos de esto. Aprendamos que, en nuestro país, la mejor forma de evitar ir a hospitales en mal estado, la falta de medicamentos, maltrato por parte de los empleados y más, es cuidándonos a nosotros mismos.

  • Yaneth Rosales

    Gracias por hacernos tomar en cuenta nuestra salud, debemos ser
    responsables de nuestro cuerpo… Felicidades Daniela Castro, bendiciones y muy bonito e interesante escrito!!

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