Colaboradores

11 Mar 2018
Colaboradores | Por: Carlos Velásquez

Triunfos, Desafíos y Oportunidades para El Salvador

El 4 de marzo de 2018 pasará a la historia como punto de inflexión en el análisis de la política partidaria en El Salvador. Lo que pudo ser un proyecto de renovación al interior de los partidos políticos y la construcción de proceso de trabajo político, terminó convirtiéndose en un triunfo de ARENA, en cuanto al número de diputaciones de la Asamblea Legislativa y control territorial con los gobiernos locales.

El agotamiento de sistemas de partidos se vio reflejado con los votos nulos y el ausentismo, puesto que solo el 45.8% de los registrados en el padrón electoral asistieron a los comicios. Si se profundiza en el análisis el rol de los partidos políticos como instituciones que representan los intereses de la sociedad se ve fuertemente cuestionado por la población.

El principal triunfador de las elecciones del 4 de marzo fue la democracia salvadoreña, puesto que quedaron demostrados los acuerdos de nación y la institucionalidad del país.

Estas elecciones tienen la particularidad que fueron las primeras en que los ciudadanos formaron parte de los Organismos Electorales Temporales, junto a los partidos legalmente constituidos. Mientras que, los candidatos no partidarios, la conformación de los Concejos Plurales y el voto cruzado son parte del legado que dejan los magistrados de la Sala de lo Constitucional de la CSJ, que terminan su gestión el 15 de julio de 2018.

Otro desafío para el sistema democrático será asegurar el sistema de frenos y contrapeso de los órganos de Gobierno; puesto que, si los perfiles a ocupar cargos especializados en las elecciones indirectas tienen vinculaciones partidarias podría desembocar en una crisis de la gobernabilidad y atropello del Estado de Derecho por la función de un partido oficialista con características, y facultades legislativas, judiciales y gubernamentales.

El triunfo en las elecciones no debe de ser visto como un cheque en blanco que la población dio a los partidos políticos; más bien es una póliza de seguro que establece los derechos y obligaciones de la ciudadanía, y los políticos. Si bien la población es ahora más consciente sobre la generación de cambios en el sistema de representatividad, el electorado nunca fue víctima de su propia trampa; puesto que al surgir dinámicas de cambio, se quiso apresurar la caída de los partidos políticos canalizando de forma errónea las luchas lo que provocó: el bloqueo de partidos minoritarios como tercera opción al bipartidismo; rechazo a liderazgos jóvenes y logros por mérito; el abandono de un proyecto de desarrollo nacional; entre otros.

Los escenarios que se presentan para El Salvador son menos alentadores, quizás el más evidente es el desmantelamiento de los avances en materia de seguridad social y abandono de luchas que se venía gestando desde la sociedad civil organizada. Otro giro importante es el enfoque de seguridad, puesto que en los gobiernos del FMLN la prevención fue esencial.

Entonces, ¿quién tiene la llave para un cambio real del sistema político? Primero, el virtual triunfo de ARENA no reafirma el triunfo de su proyecto de nación, más bien debe considerase al tricolor como una alternativa siempre válida para la población, a la cual se puede recurrir en épocas de crisis. El FMLN falla en la construcción de una alternativa real para el país, puesto que no logró convertirse en un partido hegemónico que lograra interiorizar sus ideas en la población. El caudillismo tampoco es una opción viable puesto que hace unos años ya tuvimos malas experiencias con políticos mesiánicos; pero, no deja de ser interesante qué rol jugarán estos políticos para los comicios del 2019.

La oportunidad de cambio recae en la sociedad civil organizada, puesto que, sin el virtual apoyo de un gobierno de izquierda, recae en sus luchas la confianza de muchos por bloquear toda iniciativa que dañe a las mayorías.

Solo participando podemos generar cambios positivos y que los resultados comicios no son el fin de un proyecto o un partido; más bien es el punto de partida de muchos que creemos en un mejor país, en donde todos y todas sean incluidos, y con miras a crear una verdadera alternativa para el país.

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