Colaboradores

8 Sep 2013
Colaboradores | Por: Daniela Avelar

Trabajo infantil, una realidad diaria

Es importante conocer y analizar la realidad a la que se enfrentan los niños salvadoreños. Día a día su ocupación no es ir a la escuela a aprender algo nuevo, prepararse y poder ser personas con visión a futuro, con conciencia social y con valores definidos. Su labor se vuelve la de ser una ayuda para sostener a su familia, la cual por condiciones de pobreza no es capaz de obtener los recursos necesarios para satisfacer sus necesidades.

En El Salvador, a pesar de los esfuerzos y leyes creadas para erradicar las peores formas de trabajo infantil, este sigue siendo una realidad a la que niños tienen que enfrentarse. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) con el fin de eliminar la labor de los infantes recientemente otorgó al Ministerio de Educación una cantidad significativa para ayudar a prevenir estas prácticas. Lo que se pretende es que este dinero ayude directamente a los centros escolares, fortaleciéndolos en su capacidad, asistencia y permanencia en el mismo. Pero el trabajo infantil es un hecho que nace no solo de las debilidades de las escuelas, sino más bien tiene origen en la falta de recursos de las familias, que obliga a conseguir más ingresos, a pesar de que estos provengan de un menor.

De la población infantil que trabaja ya sea de forma remunerada o no en el área rural,  casi la mitad no estudian. Y en este hecho es donde recae el problema, pues el trabajo infantil no es denigrante si se da bajo el marco aceptable, donde el menor no es explotado, utilizado, obligado por sus padres o encargados. Cuando sus ingresos no son suficientes para mantener la estabilidad de la familia. Pero en el país, la realidad sobrepasa este hecho. Se usa a los niños como medio de sostenimiento de toda una familia mientras los demás miembros en capacidad de laborar, no lo hacen.

Las consecuencias que para los menores trae exponerse diariamente al trabajo varían depende de la situación de cada pequeño. Muchos de ellos abandonan sus estudios, pues, laborar absorbe la mayoría de su tiempo. Otros niños si realizan las dos actividades pero descuidando su educación, que no llega a un grado muy avanzado.  Los resultados que esto trae pueden ser psicológicos, pues pueden sufrir un trauma al ser obligados a trabajar, rechazados por niños de la misma edad, sentirse incapaces de cumplir con sus tareas. Asimismo, pueden ser sociales, ya que al no  estudiar debidamente no llegarán a encontrar un trabajo adecuado y siempre tendrán un empleo ambulante.

El Salvador tenemos que tener  el compromiso de vigilar estas acciones que perturban la infancia y la adolescencia. No es una tarea fácil, pues tampoco se propongo que se deba eliminar en todas las formas, sino solo en las que no permitan al infante a cumplir sus obligaciones escolares,  su crecimiento sano e integral y que dañen su dignidad.

No debemos de solo ver y aplaudir como en nuestro país se crean nuevas leyes y programas para erradicar el trabajo infantil, sino exigir que estos se cumplan y respeten. Es importante tener un compromiso firme con los niños salvadoreños. No están solos. No debemos de dejar que se les obligue a trabajar sin brindarles la educación que ellos necesitan para que en el futuro puedan ser profesionales con un trabajo que satisfaga las necesidades de una familia.  Esta se debe volver la realidad diaria, que no sea denigrante y principalmente  que los niños puedan ser lo que son… niños. 

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