Colaboradores

31 May 2015
Colaboradores | Por: Adriana Ayala

Tengo una esperanza

Hace muchos años, un gran líder existió al que admiro por su inteligencia al tratar con las personas, una persona que tenía una gran visión para el mundo entero, que hablaba y defendía los derechos de las personas pobres y marginadas como cualquier ser humano lo merece. Martin decía que vivir en un ambiente de desarrollo en una nación donde los derechos y deberes sean iguales, es lo que todo gobierno debe hacer; crear las condiciones necesarias para conducir a su país al rumbo del desarrollo sustancial y constante.

Teníamos el sueño, como salvadoreños, de poder crecer como país, pero lastimosamente cada persona siempre busca el beneficio propio y es eso lo que sucedió en un país pobre, pequeño, que no tenía más opción que trabajar duro para lograr salir adelante. El único país que se mantuvo en guerra durante años y años; el que logró hacerlo caer al subdesarrollo. No se dice que antes del conflicto todo estaba perfecto, pero teníamos una luz, que era muchos de los propios recursos de El Salvador, que muchos países no es explotado ni valorado, como el sector del agro, la gran producción de café que estaría haciéndose y la gran industria que sería de nuestro país si los que ahora están en el poder no hubieran tomado las fabulosas decisiones de quemar cascos de fincas o pequeñas industrias de las personas que habían trabajado para lograr tener su plata.

Qué difícil es vivir en un país tan atrasado en todos los sentidos. Las personas ignorantes no han comprendido el verdadero concepto de desarrollo, el verdadero sentido de desarrollo. Esto es una tarea que se la dejamos al gobierno, sea cual sea su partido, su ideología o su forma de entenderse con la población.

Lo que vemos en este gobierno son fantasmas de funcionarios que con solo resolver los problemas de manera superficial buscan tapar todo lo que esconden: un profundo y desalentador gran problema económico, la poca producción y la poca inversión de capitales, que arrastra un gran subdesarrollo en su población. Son pocos los que estudian de verdad; los que trabajan de verdad y son muchas las personas que se ganan el pan con el sudor de su frente.

Todas las personas por naturaleza somos egoístas y buscamos el beneficio propio. ¿A dónde vas a escuchar que las personas trabajan para engrandecer a su nación? Pues los que están en el poder, los que muchos escogieron (por ignorantes, diría yo), son los que piensan así, por que la justicia es lo peor que puede existir si de economía se habla. Nadie puede tener igual si trabaja menos y eso es lo que siempre ha pasado en nuestro país: hay mala distribución de los ingresos nacionales y de toda la administración.

Pero lo que tu gobierno quiere es que todos “tengamos igual”, y es aquí donde debemos hacernos una pregunta: ¿te has esforzado lo suficiente para tener igual que el que tiene más?

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