Colaboradores

20 May 2017
Colaboradores | Por: Benjamin Marcía

¿También te molesta?

Existen algunas cosas que me generan desagrado en demasía. Mujeres con lenguaje vulgar, niños en exceso berrinchudos (mi desagrado es realmente con los padres), manifestantes dañando propiedad privada, personas que no dejan hablar a su interlocutor en una conversación y escuchar a los representantes del gobierno dar falsos datos sobre sus “logros”, esto último en serio me genera un disgusto excesivo, y podría seguir enumerando actos que para muchos son sólo nimiedades.

A pesar de lo anterior, existe algo que sin duda y con creces se lleva el premio a lo que más disgusto me causa observar en la vida cotidiana: “gente” lanzando basura a la calle, y ¡sí!, escrito entre comillas para dejar tácitamente planteado un insulto, sin querer recurrir a términos demasiado peyorativos.

Me disgusta al punto de perder la cortesía y dedicarles la mirada más represiva que me sea posible, lo veo a diario. “Personas” que sacan la mano desde el bus y como si estuvieran haciendo un acto encomiable, dejan caer cualquier clase de basura. Mi desagrado aumenta cuando este mismo acto se repite desde un lujoso vehículo. Con la elegancia que acompaña a la clase acomodada, bajan levente el vidrio y dejan caer bolsas, papeles o cualquier otro desperdicio, y ¡heme ahí! Observando, rabiando y sufriendo. No exagero, ¡me duele la Tierra! ¡Me duele mi país! No me considero un defensor de causas nobles, tampoco un ambientalista, sin embargo, desearía poder hacer más para cambiar esta vergonzosa realidad.

No sé cómo nace la conciencia por temas como este, en lo personal no sé de dónde surgió mi  decisión de no ser parte del hato de salvadoreños que día con día ensucian el país, solo recuerdo que desde temprana edad llegaba a casa con la mochila y los bolsillos llenos de basura, pues no quería lanzarla a la calle. No puedo ir por la vida peleando con cualquier persona que tenga ese pésimo hábito, pero a toda persona en quien puedo influir al respecto, sin duda lo hago.

Y es que las sociedades cambian con pequeños detalles que producen grandes diferencias, una pequeñez como depositar la basura en su lugar y, más aún, recoger la que no hemos lanzado y llevarla a su depósito, ese pequeño acto reproducido en masas y establecido como estilo de vida, significaría un increíble avance. Temas de país no son sólo política y economía, tema de país es también no lanzar basura en las calles.

Suelo pensar que vivimos porque el país «aguanta». Como aquella frase de “el papel aguanta lo que le pongan” algo similar quizá sucede en el país, vivimos porque la Tierra «aguanta», pero no porque la cuidemos y nos hallamos ganado el derecho de vivir en ella. Somos como parásitos, a veces pienso que la tierra estaría mejor sin nosotros, o quizá debería ser más específico: El Salvador estaría mejor sin nosotros. Estaría mejor solo o con otras personas, porque hay países que podrían darnos cátedra de cómo cuidar la tierra. Es el caso Israel.

Israel es fanáticamente odiado por muchos, no es mi caso. Le guardo respeto y admiración a Israel por muchos factores, uno de ellos es la forma en que ha desarrollado su país.

Israel territorialmente se parece a El Salvador. Nuestro país tiene 21, 041 Km2 aproximadamente; mientras que Israel, 20,770 Km2. Y a pesar de ser un país en el desierto, es uno de los mayores productores de frutas y flores de Europa.

¿Por qué ellos sí y nosotros no? Simple, ellos cuidan su tierra. Hace 70 años, Israel recibió un territorio árido y lleno de piedras, lo limpió y lo hizo florecer, ahora es tierra deseada. Hace casi 200 años, El Salvador recibió un territorio limpio, lleno de bosques frondosos y ríos cristalinos, ahora somos uno de los países más deforestados de América, y ¡no!, no todo es culpa de las grandes empresas, es culpa, en gran parte, de los miles de salvadoreños que no aman su tierra. Jamás han plantado un árbol, pero continuamente ensucian el país.

Ojalá cambiemos, que así como hablamos de lo sucia que es la política, hagamos conciencia de los sucios que pueden ser nuestros hábitos.

Limpieza es cultura.

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