Colaboradores

18 Jul 2014
Colaboradores | Por: Óscar Melgar

Sorprendente, pero de todo pasa en El Salvador

Guardo la esperanza de que mi generación pueda hacer las cosas mejor. Somos más tolerantes, creativos, emprendedores y sabemos dialogar.

Siempre he querido escribir algunas cosas que me dejan o me han dejado boquiabierto, de esas que parecen irreales, pero sí pasan. Solo aquí en El Salvador. Vivo en un país donde hay gente que vive con un dólar a diario y con ganas de salir adelante, pero sin la oportunidad de hacerlo porque las mismas condiciones sociales se lo impiden.

Vivo en un país donde la vida parece ser nada más un objeto sin valor, donde cada día mueren  asesinados en promedio de cinco a diez personas, y donde la sociedad cada día lo asimila más como una costumbre y no como una triste realidad, que solo el gobierno no puede cambiar.

Vivo en un país donde los licenciados, los médicos y los ingenieros, trabajan no en su profesión sino que en un lugar donde pagan sueldo pésimos; donde la gente se conforma con el “pero tienes trabajo, gracias a Dios” no importando si es una explotación total y donde el ambiente de trabajo puede ser de lo peor.

Vivo en un país donde estudiantes destacados de instituciones nacionales, son invitados a presentarse con su banda de paz en uno de los principales desfiles a nivel mundial y tienen que viajar largas horas por tierra para llegar a su destino, teniendo en su país a uno de los accionistas de las mayores líneas aéreas en Latinoamérica. Vivo en un país donde empresarios se jactan de crear las mejores condiciones laborales, cuando algunos de ellos se aprovechan de las necesidades de la gente, pagándoles una miseria y aun así ellos se quejan con sus carros últimos modelos, con las últimas tecnologías, con sus guardaespaldas y todo su séquito de la terrible situación económica en la que viven.

Vivo en un país donde un ministro de la Defensa acude al sitio donde vaya con decenas de hombres para protegerlo porque “Dios me libre” la gente, incluso los mareros, no tiene nada más que hacer que elaborar un plan maligno para secuestrarlo. Claro, no es lo mismo vivir sin pelotón de seguridad en la colonia El Pepeto, Las Margaritas o Montes de San Bartolo y unas cuantas decenas más, donde la población vive afligida por su vida y la de toda su familia y que sabe que las declaraciones hechas son una farsa.

Vivo en un país donde a los diputados, “padres correctísimos de la patria”, se les paga un salario por solo apretar un botón. Esos mismos “padres de la patria” tienen la indiscreción de cambiarse inmoralmente de partido, cuando ha sido la misma población la que ha votado por ellos en un determinado instituto político, pero a ellos no les importa.

Vivo en un país donde la gente se agita por las distintas noticias que ven en las redes sociales día con día, pero cuando se trata de asistir a un evento de caridad, a un voluntariado,  manifestaciones para cambiar la situación u exigir derechos, nadie asiste, para hacer el cambio que necesitamos y que reivindican desde la comodidad de su teclado.

Vivo en un país donde hasta últimamente, no pararse en un semáforo es un motivo para terminar con la vida de una persona sin pensar en el sufrimiento y las consecuencias a futuro que dicha acción tendrá. Respire, piensa, respete y demuestre su educación. Agrego también el no saber qué pasa con el nuevo sistema de transporte, por el que destruyen y construyen aceras.

Lo más increíble aún es que guardo la esperanza de que mi generación pueda hacer las cosas mejor. Somos más tolerantes, creativos, emprendedores y sabemos dialogar. Necesitamos crear una sociedad con mejores condiciones para todos; participando en acciones de distinta índole, que integren diferentes tanques de pensamiento, que se conviertan en acciones y que produzcan un impacto positivo en todas las áreas de la sociedad. Increíble pero cierto. YO CREO EN EL SALVADOR, siendo un país mejor.

 

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