Colaboradores

15 Nov 2015
Colaboradores | Por: Jaime Peraza

Sistema político salvadoreño, ¿un negocio?

En un sentido accesible, un sistema político es comprendido como el conjunto de instituciones, organizaciones públicas y sociales que establecen las reglas por el acceso y disputa por el poder en condiciones de “estabilidad” que busca la construcción de un equilibrio en esta lucha para mantener un orden.

El sistema político salvadoreño, durante muchos años, funcionó como una maquinaria que mantenía el orden y el equilibrio de fuerzas mediante un sistema multipartidista, que era el verdadero medio de acceso y distribución del poder, pero que debido a sus vicios no logro potencializar el desarrollo del país y lo dejo estancado debido a que cada quinquenio se ejerció un estilo diferente de gobierno.

Todo estaba bajo el control del sistema, cuya cabeza y representación máxima residía en el presidente de la República, pero a pesar del poder del mismo nunca pudo sobrepasar la fuerza del partido. Aquello que no estaba bajo ese régimen simplemente era hecho de lado o reprimido, donde los jóvenes luchaban más que por un bienestar por derechos democráticos. O qué decir de un diverso número de situaciones oscuras del sistema que se quedaran sin conocer.

Actualmente la situación ha cambiado. Pasamos del sistema de partido, de una oligarquía de partidos (con pequeños partidos que varían su interacción con el sistema de acuerdo a situaciones coyunturales), a un “cambio” de partido en el gobierno que lleva dos administraciones y con ello un aumento (podría decirse) de “opciones políticas”, pero que no han dado los resultados deseados y esperados por la ciudadanía por el simple hecho de que los partidos que han logrado “avances democráticos”, han cometido el gran error de adaptar vicios del “viejo” régimen, tanto en la forma en que gobiernan, como a la forma en que llevan la vida interna de sus respectivos partidos.

Citemos algunos ejemplos: compra de votos, demagogia, no reconocer los errores de sus acciones de gobierno, falta de un proyecto de nación, entre tantas, donde simplemente mantienen los vicios más negativos por la preservación del poder, sin contar con el desgaste y la falta de renovación de las instituciones que ya no pueden mantener en pie al país.

Abonado con el cáncer de las pandillas y la incapacidad de las mismas instituciones que han sido modificadas de forma más no de fondo, al estilo del partido en el gobierno y de su política del mismo para su “combate”. No han podido ni siquiera dar algunos resultados alentadores. Al contrario, la situación se vuelve más crítica y desesperante ante la ineptitud total por lograr algún avance.

¿Cómo lograr que este sistema se transforme? ¿Será acaso necesario otra revolución?, ¿de que tipo? ¿El pueblo nuevamente se alzará en armas? ¿Qué otra opción podría construirse para evitar caer en un fenómeno tan lacerante y doloroso como ese? Desde mi perspectiva, se requiere un cambio cultural en nuestra sociedad, la cual ha perdido la fe en sus gobernantes. Una sociedad dividida y maleada con los vicios de los gobiernos y los partidos por la preservación del poder.

¿Cómo transformar el sistema político salvadoreño para que logre despertar al país y llevarlo a cosas de mayor envergadura, para buscar desarrollar a nuestro país como una potencia económica y social (no necesariamente armada)? Preguntas que parecen complejas y que tal vez, sólo tal vez, puedan responderse de manera sencilla utilizando el argumento de “tener voluntad”, la voluntad para querer hacer, querer cambiar, querer transformar; pero que al momento de su aplicación, la mentalidad y la formación cultural de nuestra sociedad nos muestra la dificultad para poder lograrlo.

Es tarea de los gobernantes desarrollar la forma para transformar la mentalidad social, pero también nuestra, ya que para que los mismos gobernantes transformen su mentalidad a veces necesitan ser presionados de diversas maneras, parece un círculo vicioso que nunca tendría fin, y en efecto los fenómenos sociales suelen hacer esas variaciones, por ello, hay que desarrollar el debate y la reflexión, la crítica constante a nuestro gobierno sea del partido que sea y que asuman sus responsabilidades, no solamente que busquen el poder por el poder para su beneficio personal, sino para que cumplan su papel por el cual fueron elegidos, trabajar para lograr el bienestar y la justicia social.

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