Colaboradores

27 Sep 2015
Colaboradores | Por: Alexandra Monge

Sin unidad no hay cambio

 

 

Cuando se haga una protesta unánime, pacífica, apolítica, donde grupos de todos los sectores se junten y no se puedan diferenciar banderas más que la de nuestro país, entonces habremos impactado y los cambios empezarán.  

 

La famosa marcha civil contra la corrupción e impunidad del pasado 5 de septiembre, promocionada en las redes sociales con bombo y platillo, por fin se llevó a cabo. Quienes estuvieron en las Fuentes Beethoven afirman con orgullo que fue un éxito, y que se logró difundir un mensaje de protesta por la paz y en contra de la corrupción. Otros dicen que fue un total fracaso, entre ellos varios políticos y exfuncionarios, debido a que se le tildó de haber sido organizada por ARENA, así perdiendo su credibilidad.

La marcha no fue un fracaso, pero tampoco fue lo que pudo llegar a ser. Horas antes de que empezara, cientos de personas progubernamental4es se reunieron en el Salvador del Mundo, vestidos de rojo, ondeando banderas de izquierda y protestando en contra de la corrupción opositora. Ambos grupos protestaron contra el mismo mal, pero nunca se unieron.

Debemos reconocer que ambos extremos políticos, por los que el pueblo salvadoreño ha votado por más de 25 años, nos han fallado. ¿Qué hubiera pasado si ambas marchas se hubieran encontrado? Qué si dos grandes masas de clases sociales e ideológicas completamente opuestas se hubieran visto la cara. Mi hipótesis es que hubiera sido un caos. Queremos una democracia justa, queremos paz. ¿Pero cómo lograrlo si seguimos reforzando las diferencias que nos separan?

Seguimos involucrando las ideologías en nuestra lucha por el bienestar común, cuando el bienestar no tiene ideología. Es allí cuando debemos reflexionar sobre nuestras intenciones y qué tanto nos importa el bien de los demás. Todos estamos expuestos a la violencia y a que nuestros impuestos sean despilfarrados en lujos de diputados y mandatarios. Leemos acerca de homicidios todos los días, de escasez, y cuando llega la hora de levantar nuestras voces, el resentimiento social y la polarización siempre nos impiden volvernos uno, unirnos como nación.

Señalar dedos es fácil, pero aceptar que todos debemos trabajar por una solución es el verdadero reto. Lograr esto resulta aún más difícil cuando ni siquiera nuestro propio gobierno puede apartar sus diferencias por el bien del país. El Salvador poco a poco va despertando, pero le falta percatarse de lo más importante: la necesidad de unión.

Recordemos que nuestro lema nacional es Dios, Unión, Libertad. Dios siempre estará con nosotros. La unión debemos construirla juntos y la libertad debemos exigirla como país, no como parte de un partido político ni como clases sociales. Podremos ser de derecha, de izquierda, pero antes que nada somos salvadoreños. Cuando se haga una protesta unánime, pacífica, apolítica, donde grupos de todos los sectores se junten y no se puedan diferenciar banderas más que la de nuestro país, entonces habremos impactado y los cambios empezarán.
 

 

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