Colaboradores

18 Abr 2015
Colaboradores | Por: Abner Alvarenga

Si yo fuera Presidente

Cada uno de los salvadoreños puede hacer la diferencia entre excluir e incluir, entre dialogar e imponer, entre creer y desconfiar, entre sumarse y restarse.

Si un día esa privilegiada oportunidad tocara mi puerta y el pueblo salvadoreño me diera la oportunidad de ser Presidente de la República, lo haría con mucho entusiasmo y apego a las leyes. Sobre todo me propondría tratar de renovar y limpiar ese importante cargo que últimamente ha sido deshonrado.

Lastimosamente en El Salvador la política sigue siendo retrógrada, con divisionismos, enfocada en satisfacer las necesidades de las cúpulas partidarias y no las del país.

Si yo fuera presidente trabajaría para el pueblo, no toleraría viajes fantasmas y ningún funcionario se escudería en su cargo cuando incumpla la ley. Me comprometería a terminar con cualquier vicio de corrupción y privatización.

Durante mi mandato haría realidad un nuevo tiempo para iniciar juntos el verdadero camino hacia una nación desarrollada y justa, moderna y tolerante, próspera e inclusiva que todos nos merecemos. Estoy seguro de que puede haber un El Salvador diferente y mucho más justo; lucharía para que al entregar la Presidencia todos los salvadoreños sientan que sus vidas han cambiado para mejor.

El Salvador no solo debe ser un listado de indicadores o estadísticas, sino una mejor patria para vivir, una mejor sociedad para toda su gente. Sé de primera mano lo que la educación pública puede ofrecer a una persona y mi compromiso sería que en El Salvador todos tengan esa oportunidad de prepararse profesionalmente.

Sé la importancia de la salud pública en nuestro país y mi compromiso sería que nadie se quede sin medicinas, sin atención profesional porque no hay un especialista o una unidad de salud cerca. Me comprometería con las madres solteras y jefas de hogar para que sus hijos reciban estímulos y educación de calidad mientras ellas trabajan.

Estos compromisos requieren de un país dinámico, que crea empleos de calidad, que capacita, emprende e innova. Una sociedad donde los desafíos de crecimiento demandan no solo eficiencia sino también el acuerdo político y humano con inclusión y sustentabilidad. Un país que trabaje incansablemente para que la dignidad y el respeto de los derechos sean las reglas para todos. Esa es la sociedad que todos imaginamos y sería un contrato solemne entre todos los salvadoreños y este servidor. Ese sería mi programa de gobierno: crearía un marco de diálogo entre todos los sectores vivos de nuestra sociedad, pero un diálogo que tenga un objetivo claro, que es avanzar en el desarrollo del país; sería un mandato ciudadano y para eso sería el presidente de El Salvador.

Haría realidad un programa de gobierno que se comprometa con una reforma  educacional que asegure calidad, gratuidad, inclusión y mejores perspectivas en todos los niveles para niños y jóvenes de El Salvador. Un programa que comprometa una verdadera reforma tributaria que consagre el principio de que quienes tienen más contribuya más al bienestar.

Un programa de gobierno que se comprometa con el trabajo decente, con los derechos laborales, con la capacidad de negociación justa con los empleadores, que se comprometa con el medio ambiente, con salvadoreños que sean protagonistas de su propio desarrollo.

Me comprometería a atacar el delito para también a prevenirlo, acompañar y defender a las víctimas. Me comprometería con la cultura, la recreación y el deporte en todos los rincones de nuestra patria.

Sería el presidente de todos los salvadoreños, de quienes me dieran su apoyo y de quienes no votaran por mí. Mi proyecto de país necesitaría de todos los ciudadanos sin excluir a nadie. Cada uno de los salvadoreños puede hacer la diferencia entre excluir e incluir, entre dialogar e imponer, entre creer y desconfiar, entre sumarse y restarse.

Solo juntos podemos reconstruir la confianza en la participación y las instituciones. Juntos podemos dar voz a las diferentes necesidades de nuestra gente, dignificar el trabajo y la democracia.

El Salvador tiene un solo gran adversario y ese se llama DESIGUALDAD y solo juntos podríamos enfrentarla.

 

 

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