Colaboradores

6 Mar 2016
Colaboradores | Por: John R.Keilhauer

Se trabaron las llantas y es hora de empujar

Ya no tenemos el lujo de quedarnos sentados querido compatriotas, mientras no unamos fuerzas este país no se va a echar a andar.

El otro día se me cruzó un artículo en redes sociales que me llamó mucho la atención. El titular contaba sobre un incidente que se dio sobre las calles de nuestra capital. La nota hablaba sobre un bus cuya llanta se atoró en el hoyo de una alcantarilla destapada, muy probablemente robada. Los pasajeros del bus, al darse cuenta del suceso, reaccionaron bajándose para empujar hasta desatascarlo y lograron seguir por su camino. No puedo explicar cómo, siendo una nota tan sencilla, me cautivó por cuánto se asemeja a una parábola de nuestro país.

Todos nosotros andamos montados en este bus llamado El Salvador. Quizá no es el transporte más nuevo o el más limpio, quizá tenga un par de golpes y el conductor no le da play a la mejor música, pero lamento informarles que es el único que tenemos. Vale mencionar que no es nuestra culpa que se nos estén trabando las llantas. Sin embargo, eso se vuelve secundario cuando nos damos cuenta que lo único que todos queremos es llegar a nuestro destino sanos y salvos. Todos tenemos que recorrer el mismo camino y convivir dentro de este bus.

En el momento en que un hoyo nos atasca como país, se vuelve fácil gritarle al conductor por no fijarse en el hoyo, más fácil aún maldecir a aquel desalmado que removió una tapadera de alcantarilla peligrando la vida de los transeúntes, y hasta más fácil aún es quedarse sentado con esa enorme frustración de no poder llegar a nuestro destino.

Pero, como nos ejemplificaron nuestros compatriotas, lo más eficiente y productivo es bajarse para ayudar. Los salvadoreños no le tenemos miedo al trabajo duro, de hecho es una de nuestras cualidades sobresalientes; sin embargo para protestar y marchar por nuestros derechos no sobresalimos tanto. En nuestras hermanas repúblicas de Guatemala y Honduras el pueblo se unió para exigir cambios reales y palpables, todo mientras nosotros nos quedamos sentados viendo a través de la ventana cómo el conductor inspecciona la llanta atorada sin hacer nada.

Entonces la pregunta surge, ¿qué va a hacer usted? ¿Se va a quedar ahí sentado, frustrado y molesto con las autoridades, los corruptos, y los pandilleros? o ¿Se va a enrollar las mangas, se va a bajar del bus y le va a meter duro para echar andar esta carcacha que tanto amamos? Yo también soy culpable de inacción, esta columna que está leyendo la llevo en la cabeza por meses, pero nunca me animaba a plasmarla. Me dejaba llevar por la frase, “¿de qué sirve escribir unas palabras?, pensaba que de todas maneras, los problemas de este país son enormes y una sola persona poco puede hacer.

Pero ya no nos podemos dar el lujo de quedarnos sentados en el bus, de nada sirve asignar culpas. Lo que necesitamos hoy son salvadoreños que pongan el lomo y empujen con todas sus fuerzas, de la forma que puedan. Analice su entorno y encuentre qué hacer. Absolutamente todos tenemos la capacidad de aportar de alguna manera; practicar la cortesía al conducir, señalar casos de corrupción, manifestarse en las calles, incluso al no botar la basura en la calle. El chiste es empujar, aunque sea con los dedos. Se sorprendería de lo que somos capaces sin unimos nuestra fuerza.

Ahora es cuando, adelante salvadoreños.

 

 

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