Colaboradores

18 Jun 2017
Colaboradores | Por: Ricardo Quijano

Respetemos a la Sala y saldremos adelante como país

Últimamente se ha popularizado, dentro de las esferas políticas de nuestro país, la creencia que se busca desestabilizar el gobierno y a sus proyectos por medio de las resoluciones de la Sala de lo Constitucional de la CSJ. Esto ha generado roces y conflictos entre los tres poderes del Estado, así como una repulsión hacia la Sala por parte de algunos sectores nacionales.

Hablando estrictamente en cuanto al derecho, se puede o no concordar con el razonamiento que plantean los magistrados de la Sala en sus resoluciones y sentencias, tanto en la interpretación de la Constitución o en el conflicto que existe entre un determinado cuerpo normativo con la misma.

Desde luego, eso siempre va a generar una diversidad de opiniones jurídicas, y no jurídicas, que crean debate, pero eso no quiere decir que el objetivo es afectar al gobierno, a sus funcionarios e inclusive, a la Asamblea Legislativa. Y ahora tal es el punto que el vocero de la presidencia ha llegado a afirmar que el gobierno se está cansando de cumplir las resoluciones de la sala.

Si esa afirmación resulta el pensar de los actores políticos o, por lo menos, de algunos de ellos es preocupante. De acuerdo a la Constitución, debe haber un sistema de pesos y contrapesos, es decir, un mecanismo de balance para que los tres poderes formen un equilibrio y que las cosas funcionen con legalidad. Con esta declaración ya podemos inferir lo que se pretende en el fondo, nada bueno.

Existe una enorme brecha entre emitir sentencias basadas en la misma Constitución y ser lo que muchos políticos han manifestado en su momento, un azote al gobierno; o que con las sentencias se está siguiendo una agenda que favorezca a determinados grupos.

Por ello, antes de aseverar que hay intereses oscuros, es necesario analizar los que se resuelve. Más allá del peligro de repetir otra acción para atacar a la Sala, es indispensable que los funcionarios públicos respeten la misma institucionalidad del Estado, esa que ellos mismos sostienen que defienden. No es posible pretender avanzar como sociedad, o como país, si no existe un respeto a las instituciones y peor aún, si no hay respeto por la separación de poderes como forma de control inter orgánica.

Y para citar un ejemplo claro, hablemos de la Suprema Corte de Estados Unidos, donde las decisiones judiciales que emite ese tribunal forman un precedente judicial, “binding precedent”, con efecto inmediato para los demás jueces. Y, ojo, tiene también la facultad para derogar leyes. Por si fuera poco, en Estados Unidos nunca ha existido un ataque a este organismo por las resoluciones que extiende, aún y cuando no vayan acorde a las políticas de la Casa Blanca.

Personalmente, a lo largo de la historia no he estado de acuerdo con muchas de las sentencias que ha emitido la Sala y en muchas otras he sentido mucha más empatía con los votos disidentes, pero considero que ellos simplemente están cumpliendo con su trabajo. Si los salvadoreños somos conscientes de ello aunque los políticos quieran, no podrán deshacer la independencia del Estado.

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