Colaboradores

13 Jul 2014
Colaboradores | Por: Carlos Mendez

Rescatemos a El Salvador

¿Por qué los jóvenes ahora estamos pagando los platos rotos?

Este día me desperté ante una noticia de un periódico de circulación nacional que exponía la situación de delincuencia en el país. Como joven salvadoreño considero que es mi responsabilidad denunciar esta problemática social que está atormentando y causando zozobra a muchos de mis contemporáneos. En ese caso, hoy voy a aportar por un próspero El Salvador a través de lo que mejor se me facilita: la palabra.
 
Dijo el filósofo Nicolás Maquiavelo, que “ninguna fuerza doma, ningún tiempo consume, ningún mérito iguala el nombre de la libertad.” Por desgracia, en nuestro país el fenóme no de las maras se ha añadido a la lista de barreras que los jóvenes se ven obligados a enfrentar cuando ellos deciden emprender sus sueños y salir adelante. Parece que no basta la pobreza. No bastan las injusticias sociales; no basta la corrupción estatal. Ahora la delincuencia se ha tomado el protagonismo de limitar y quebrantar las aspiraciones de las generaciones emergentes.
 
El agravamiento de la situación de inseguridad ha causado que muchos de los jóvenes salvadoreños huyan del país para mejorar su panorama y tener acceso a mejores oportunidades. Ante este escenario de violencia, ellos huyen sin papeles, de sprotegidos, poniendo en peligro su bienestar. Huyen como que si fueran unos delincuentes. ¡Qué paradoja! Si tal fuera el caso, los que deberían largarse son todos aquellos que optaron por el camino fácil, todos aquellos que extorsionan negocios decentes, los que alguna vez mataron y torturaron. ¡Sí! Ustedes son los que deberían marcharse y dejar de una vez por todas a nuestro pueblo en paz.
 
Según un estudio de Visión Mundial (ONG que vela por los vulnerables en América Latina y el Caribe), se espera que para finales de este año 60 mil niños y adolescentes provenientes del istmo centroamericano migren a Norte América. Un porcentaje considerable de este flujo de personas ha tomado esta decisión por la inseguridad en su país de origen. No hay dudas de que migrar no es la solución al problema. Hay que abogar por todos aquellos compatriotas que migraron por miedo de no ver un mañana. Si en uestro país ellos no son acogidos, ¿adónde lo serán?.
 
Me dirijo también al gobierno y como ciudadano denuncio la negligencia del sistema al fallar en su deber de proteger a los habitantes de El Salvador. No obstante, estoy consciente de que culpar y querellarse no solucionará el problema. Como ciudadanos también hay que asumir responsabilidad y reconocer que cometimos un delito de omisión, ya que esperamos que “otros”tomen cartas en el asunto. Desafortunadamente, fue muy tarde cuando se le hizo hincapié al fenómeno de las maras.
 
He ahí la razón de mi indignación. ¿Por qué los jóvenes ahora estamos pagando los platos rotos? He concluido que ser un salvadoreño con aspiraciones se ha convertido en un crimen que es penalizado con el acoso y el hostigamiento. Es nuestro deber rescatara nuestra querida patria y de una vez por todas ponerle fin a esta plaga que ha causado pesadumbre y pena a miles de salvadoreños.
 
Dedicado a todos aquellos jóvenes salvadoreños que han sido víctimas de la violencia social y que se les ha arrebatado injustamente el derecho fundamental de una nación: el derecho a la vida.
23 Jul 2017
¿Son coherentes nuestros políticos?
Colaboradores | Por: Mario Recinos

¿Son coherentes nuestros políticos?

22 Jul 2017
La revolución que se vendió
Colaboradores | Por: Ludwin Arévalo

La revolución que se vendió

15 Jul 2017
Valiente y Wright Sol ¿entre renovación y tradición?
Colaboradores | Por: Luis Contreras

Valiente y Wright Sol ¿entre renovación y tradición?

15 Jul 2017
Lo que el dinero no puede comprar
Colaboradores | Por: Paula Magaña

Lo que el dinero no puede comprar