Colaboradores

25 Jul 2014
Colaboradores | Por: Nina Crump

Reflexión post-mundial

Debo decir que para mí ha sido un placer ver cómo en el mundial, los jugadores de fútbol no tienen problema alguno en manifestarse mutuamente su respeto, admiración y hasta cariño, sin ese profundo miedo a ser considerados homosexuales. Yo crecí en una casa en la que todo ser humano podía ser cariñoso, tutearse, darse un abrazo sin la necesidad de atribuir o de verse atribuida una etiqueta, sin señalar ni ser señalado.

 Cuando crecí, me fui dando cuenta de que para muchos aquí en Colombia (y en general en Latinoamérica), ser hombre significaba ser heterosexual; el ser hombre solo se podía definir por oposición a las mujeres y a los “maricas”. Y nunca estuve de acuerdo con eso. De hecho, conozco a muchos homosexuales que cumplen con todas las características de la masculinidad “tradicional”, con ese viril imaginario social que todavía pesa.

 Más adelante, en el colegio, leí un libro de Elisabeth Badinter titulado “XY” en el que relataban cómo en la Antigua Grecia, durante la ceremonia de iniciación a la edad adulta, tenían relaciones sexuales entre hombres con el fin de fortalecer y aumentar su identidad masculina y su virilidad. Eso me hizo pensar que, en realidad, esa definición del hombre como ser opuesto a la mujer y al homosexual es postiza, y es más bien una parte inherente a las creencias culturales profundamente arraigadas colectivamente en la mayoría de las personas.

 Yo siento que en Colombia, cuando los niños crecen sufren un proceso de “des-contaminación” de todo lo considerado femenino: dejan de tutearse porque tanta cercanía es para “maricones”; se saludan de la mano y cualquier acercamiento físico está prohibido, sin contar que obviamente no lloran. Pareciera que es necesario ser mujer para poder ser compasivo, cariñoso y manifestar tristeza. Estimo que esto no ha ayudado, todo lo contrario, en un país tan violento como lo es el nuestro. Aunque la compasión y el cariño no van a resolver nuestro conflicto armado sí podría contribuir a la reconciliación de todos con todos y hacer una gran diferencia en las relaciones sociales que mantenemos entre colombianos.

 Yo vi a Freddy Guarín, a Cuadrado, a Eder Balanta y a James abrazando, besando la cabeza y consolando a Nagamoto quien a su vez lloraba, gesto tierno que fue aplaudido por los medios nacionales e internacionales. Y es que así es en el Mundial: los jugadores de fútbol, de la manera más natural, se tocan las caras, se dan palmadas de aliento, se abrazan, se consuelan, y hasta lloran… sin que nadie parezca preocuparse por sus orientaciones sexuales. Así debería ser para todos los hombres.

Claro, algunos pensarán que sería ridículo que alguna persona se atreviera a tildar a estos “machos” de pura fibra – cuyas novias son modelos y cantantes sexy- de gays. Pero yo creo que esas son características intrínsecas al ser humano, hombres o mujeres, homosexuales o heterosexuales. De hecho, creo que podríamos vivir en un país menos violento si se cambiara esa percepción limitada de los géneros. Ojalá más padres de familia le dieran un abrazo a sus hijos y los consolaran en vez de decirles que “sean hombres y que no lloren”. Otra sociedad tendríamos…

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