Colaboradores

9 Nov 2013
Colaboradores | Por: Herbert Escoto

¿Recuerdan la naturaleza del voto?

La historia salvadoreña es una película que ha sido impresionada fotográficamente por victorias, fracasos, heridas, y hechos que nos han moldeado culturalmente para formar el país que somos ahora.  La guerra que muchos no vivimos pero que otros sufrieron engendró hijos de la violencia, desgastes económicos y resentimientos entre los salvadoreños. Pero también están las generaciones que heredamos el pulgarcito de la posguerra en cual queda depositada la esperanza de seguir reconstruyendo  el ideal de un país próspero.

Lastimosamente, la ignorancia y la amnesia son características en nuestra genética que nos inducen a cometer los mismos errores que azotaron este país. Culpamos a los políticos de las decisiones que toman, pero olvidamos quien los coloco en su cargo. Y luego, padecemos de amnesia y olvidamos porque los culpábamos y los volvemos a reelegir en ocasiones.

Cada cinco años los candidatos a la presidencia inundan los medios de comunicaciones rogando al electorado para que voten por ellos, y simultáneamente los salvadoreños nos unimos en la práctica colectiva de odiar los discursos populistas y campañas sucias. Uno de los candidatos siempre logra su objetivo, ocupar la casa presidencial, pero los electores fallamos al permitir que sigan las malas prácticas electorales. Algunos soñamos con discursos profesionales y agendas políticas llenas de propuestas técnicas y no de promesas utópicas, pero los políticos nos dirigen reflexiones que insultan el intelecto de algunos y nutren los sentimientos e ignorancia de otros.

La política se ha convertido en un campo de batalla donde se buscan culpables y responsables de los problemas sociales, y yo considero que hay dos tipos de culpables: el mediato y el inmediato. El culpable inmediato somos nosotros los electores al seguir votando por los mismos grupos o personas que cuentean nuestro voto con falsas promesas; el culpable mediato es la persona que utilizó nuestros votos para asfixiar la democracia y llenar sus bolsillos y los de sus compadres.

No culpo a los políticos de su carencia de técnica legislativa y falta de comprensión de los modelos económicos, me culpo a mí por no hacer nada y seguir viendo como la película salvadoreña sigue pasando escenas de violencia, pobreza y retroceso económico.

Olvidamos la fuerza de nuestro voto, colaboramos para desnaturalizarlo y convertirlo en un vehículo que ayude a satisfacer los intereses que debilitan la democracia salvadoreña. Volteamos la mirada sin hacer nada al observar como aquellas personas, que sin culpa, intercambian su voto por tazas, delantales y camisas con rostros de políticos; cuando tenemos la responsabilidad de informar a cada uno de los ciudadanos del verdadero valor del sufragio.

En estas elecciones debemos mostrar la verdadera fuerza del electorado y exigir verdaderos cambios. No basta con ir a votar, es necesario darles seguimiento a los funcionarios y vigilarlos permanentemente. Como elemento clave está el de reforzar la transparencia, porque únicamente al desnudo los funcionarios sentirán vergüenza y se verán obligados a ceñirse a la Constitución y las leyes.

Nuestro deber es manipular el código genético salvadoreño para evitar seguir los pasos de aquellos que no tienen en la mira la reconstrucción y desarrollo de la república. Está en nuestras manos el deber de cambiar las cosas. Nuestra realidad no debe ser deprimente, debe ser entusiasta y cargada de ilusiones. A nosotros nos toca y de nosotros depende que las próximas elecciones manifestemos nuestra verdadera voluntad.

Herbert Escoto

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