Colaboradores

30 Ago 2015
Colaboradores | Por: Luis Ricardo Paredes

Recrudecimientos de la historia, una repetición más dura del pasado salvadoreño

“Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”.  La frase anterior es la consigna de apertura de cada capítulo de la serie Escobar, el patrón del mal, inspirada en el libro La parábola de Pablo, del periodista y escritor colombiano Alonso Salazar. El único motivo­­­ de esta expresión (según mi punto de vista), es concienciar al pueblo colombiano que los sucesos ocurridos en aquella infame época del narcotraficante más famoso de la historia, no vuelvan a acontecer.

Magnicidios, secuestros, corrupción, asesinatos a periodistas y a cualquier opositor de su organización, masacres a personas inocentes, carros bomba, atentados perpetrados bajo el nombre de “Los Extraditables”. Estos y muchos más fueron los crímenes cometidos por El Patrón.

Decidí empezar este escrito con una breve recapitulación de lo sufrido por el pueblo colombiano gracias a uno de los conflictos que más aquejaron a su sociedad a finales del siglo pasado, ya que también son un pueblo latinoamericano como el nuestro, y que sin duda alguna, me atrevo a decir, tenían la misma sed de justicia y de paz que nosotros los salvadoreños en la actualidad. Colombia pudo salir adelante, tras años de miedo, incertidumbre, mucha sangre y muchas lágrimas; el problema del tráfico de drogas ha ido siendo solucionado gradualmente, de tal manera que ahora los grandes capos se encuentran en México y es ese país el que sufre las consecuencias de este dilema.

Aparentemente los pueblos latinoamericanos tenemos una memoria muy corta, y los salvadoreños no somos la excepción. Pareciera que estamos destinados a vivir siempre entre actos corruptos, violentos, negligentes y delictivos, porque en nuestro país, a pesar de que la mayoría somos ciudadanos de bien, los que tienen el control de nuestra sociedad no lo son. El gobierno ha quedado apoplético con respecto al tema de seguridad, ya que ha se ha demostrado incapaz de solventar el problema de las pandillas, que sin ser secreto a voces son las que actualmente tienen el control de la nación.

El país vive una situación infrahumana. El miedo y la inseguridad cada día se apoderan más de las personas; la incertidumbre de que vaya a ocurrir con la vida de los ciudadanos al salir de su casa se acrecienta cada vez más.

Los medios de comunicación confirmaban en abril que el mes de marzo habría sido el mes más violento del siglo con 481 homicidios registrados por la PNC. Los medios, el 1 de junio, notificaban que ese lunes habría sido el día más violento de la historia del país con 38 muertos.

La Fiscalía General de la República (FGR) indica que ha registrado 508 homicidios hasta el 19 de agosto, un promedio de 26.73 muertes bélicas diarias, nueve más que las que se registraban diariamente en lo que se creía habría sido la época más oscura de nuestra patria: la guerra civil, donde se registraban 17 muertes por cada 24 horas.

La situación ya se salió de control desde hace mucho tiempo. La incapacidad del gobierno de tratar dicho problema es más notoria cada mañana al leer el periódico; el gobierno, en nuestro país, ya no hace su trabajo. Hoy, en El Salvador, gobiernan las pandillas, quienes deciden qué hacer con el país en el cualquier ámbito a través de violencia, amenazas y plomo.

La gente está cansada, aterrorizada, y cada vez va perdiendo algunas de las características que singularizan al salvadoreño: ser soñador, perseguidor de sus ideas, una persona cálida, amable, dispuesta a ayudar siempre, y sobre todo amante de su patria. Se necesita una solución pronto para que la nación pueda vencer a su rival acérrimo, la inseguridad y los actos bélicos.

La legitimidad del poder del Estado debe salir de la expresión del pueblo salvadoreño. Esa es la mejor respuesta a quienes, a través de las armas y la violencia, quieren amedrentar a la población y condicionar el destino de nuestra patria.

No tengo mejor frase para finalizar que la de Jorge Santayana: “Aquellos que no conocen su pasado están condenados a repetirlo”. Y al parecer, la corta memoria del pueblo salvadoreño le permite repetir su historia, sucedida hace no mucho tiempo, pero esta vez más cruda y más fuerte para todos los ciudadanos.

20 Oct 2018
Aborto ¿seguro? ¿legal? ¿gratuito?
Colaboradores | Por: Francisco Monzón

Aborto ¿seguro? ¿legal? ¿gratuito?

14 Oct 2018
Con cariño
Colaboradores | Por: Alejandra Portillo

Con cariño

14 Oct 2018
El positivismo barato y la gente tóxica
Colaboradores | Por: Zarko Pinkas

El positivismo barato y la gente tóxica

13 Oct 2018
Los criminales de la nueva era
Colaboradores | Por: Jeferson Aldana

Los criminales de la nueva era