Colaboradores

31 May 2014
Colaboradores | Por: Carlos Alejandro Morales

¡Quisiera ser diputado!

Si algún día la oportunidad toca a mi puerta, quiero ser alguien que pueda decir “seré lo que el país y su gente espera que sea y no un simple producto de la publicidad de un partido”.

“Quisiera ser diputado o participar de forma activa y relevante en algún espacio de la política de mi país”. Esa frase ha cruzado por mi mente en más de una ocasión. He tenido un deseo de encontrar la puerta que me permita entrar en un ámbito tan complicado y dañado en El Salvador; un mundo que solo parece ser el trampolín de muchos para dejar de ser clase media y comenzar a formar parte de una clase con un estilo más agradable de vida.

Me he quedado por largos minutos pensando en los cambios que haría, el ejemplo que quisiera dar en mi desempeño y todo aquello que fantasiosamente considero que podría ofrecer. Escucho a la voz popular decir que “los jóvenes podrían sacar adelante al país si se les diera una verdadera oportunidad” y eso llena un poco más anhelo de llegar a esa meta.

Así como yo, sé que hay muchas otras personas que han soñado con la misma idea. Pero poco después, una idea más golpea por lo general mi cabeza y viene por medio de una frase que escuche hace poco: “en la vida el peor error que uno puede cometer es convertirse en lo que tanto critica”. Es allí donde desacelero un poco mi mente. Yo, al igual que cualquier otro ciudadano, deseo tener verdaderos representantes en cargos de elección popular, personas preparadas con principios ideológicos firmes y no solo con un currículo engrosado por muchos estudios, sino un verdadera moralidad notoria como lo exige la Constitución; personas que tengan empatía con el que tiene y con el que no tiene, aun cuando ellos no hayan encontrado muchas adversidades en su vida. La historia de lo que hemos recibido de parte de aquellos por quienes en algún momento votamos se puede resumir en estafas, pérdidas de vergüenza, ebriedad, venta de voluntades hasta incapacidad de leer y escribir.

“Quisiera ser diputado”, pero aún me queda demasiado grande la silla. En nuestro país hay gente preparada, humilde y capaz de hacer cambiar la nación al tener verdadera conciencia social (no solo aparentarla). Gente que realmente se merece un espacio porque han luchado por ser alguien en la vida, porque no son ni serán simples marionetas que van a luchar por sus intereses personales, olvidándose de quienes los pusieron en donde están. Esas personas no harán un berrinche por perder una elección, pero que tampoco harán el ridículo al ganar. Personas que no necesiten hasta tres asesores para tomar una simple decisión como hasta para amarrarse los zapatos.

Mientras la puerta correcta aparece, que espero aparezca pronto, mi papel y el de todos aquellos que comparten mi idea es estudiar, prepararme y conocer la realidad del país en el que vivimos, mucho más allá de las redes sociales y periódicos. Durante este proceso, debemos mantener un espíritu crítico y analítico, que no se deje guiar por fanatismos sin respaldo de la razón. Obtener la madurez para apoyar a aquellos que lo merecen, no por cuello, no por “yoyos”, sino porque son ejemplos de verdaderos acreedores al cargo. Si algún día la oportunidad toca a mi puerta, quiero ser alguien que pueda decir “seré lo que el país y su gente espera que sea y no un simple producto de la publicidad de un partido”.

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