Colaboradores

1 Jun 2014
Colaboradores | Por: David Cortez

¿Qué tipo de presidente necesitamos?

Debe ser un presidente que vele por nuestros intereses, que a pesar de ser atacado por la oposición, sepa ser líder, que mantenga la ética en su cargo.

El presidente Mauricio Funes Cartagena pudo haber hecho un mejor papel en sus cinco años de gobierno. Sin embargo, se dedicó a sacar los “trapitos al sol” en todas las oportunidades que tuvo a la prensa dándole cobertura. En sus programas radiales, el principal tema fue el opositor, no el pueblo, quien debió haber sido el primordial centro de su trabajo. Él no era un investigador. El
presidente es quien toma decisiones por nosotros, pero Funes manejó el gobierno con una conducta reprobable.

Un presidente se debe caracterizar por tomar las decisiones que hagan mejorar lo más que se pueda en un quinquenio, al ser el mayor funcionario público en quien colocamos nuestra confianza y damos soberanía sobre nuestros impuestos, el uso de ellos y el buen manejo. De tantas críticas hacia el actual presidente resaltan la mala utilización de los fondos públicos, el mal desempeño y gastos no declarados de cada presidencial, son algunos ejemplos de poca transparencia que tuvo el presidente Funes.

El gobierno de El Salvador seguirá siendo, mientras no tomemos una acción sobre el gobernante que elegimos, la batuta de beneficio para quien ocupe la primera magistratura del país. Mientras no le exijamos que rinda su mejor desempeño, los gobernantes no harán las mejoras que necesitamos como sociedad salvadoreña.

¿Pero a quien necesitamos? Necesitamos a un presidente que vele por nuestros intereses, que a pesar de ser atacado por la oposición, sepa ser líder, que mantenga la ética en su cargo. No necesitamos a un militante más de su partido, pues debe ser el presidente de El Salvador, no el del partido que lo eligió para representarlo.

Nuestro pueblo madura a medida pasa los años. Pero cuando se acercan las elecciones presidenciales, de diputados o alcaldes, los candidatos se olvidan de lo que ya habían criticado o reprochado de otros y es donde cometemos el error de a elegir a los malos gobernantes. Hoy en día, los cargos públicos se han convertido en negocios para los aspirantes y funcionarios públicos.

Los grandes salarios y las prestaciones, peor aún los favores, son las principales causas que hacen que las promesas queden en el olvido.

Lastimosamente, casi todo lo expuesto hasta el momento conforma el sistema gubernamental de El Salvador. Está manchado de delitos cubiertos por fueros, manchado de corrupción, de favores pactados “bajo la mesa”, impunidad y altanería- Nuestros representantes se olvidan de cumplir el deber de servir al país. Estamos cansados, sofocados de tanta inseguridad, hambre e indiferencia que el gobierno tiene hacia estos problemas. Estamos cansado de ser la minoría cuando en verdad somos la mayoría; cansados de mantener a un gobierno impotente que viene desde muchos años, porque vivimos en guerra, aunque no esté declarada entre los bandos. Estamos cansados, por eso también estamos esperando que una cara nueva llegue a dirigir a El Salvador.

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