Colaboradores

11 Feb 2017
Colaboradores | Por: Nelson Mijango

¿Qué sucedió con mi país? ¿Por qué se derrumba a pedazos?

Toda sociedad necesita, para persistir a lo largo del tiempo, transmitir a sus nuevas generaciones un conjunto de normas, valores y creencias; estas constituyen la base distintiva y especifica de su cultura. Mientras tanto, el individuo aprende e interioriza el componente social, que resulta imprescindible para el completo desarrollo de su personalidad; solo así, logra convertirse en miembro de la sociedad.

La socialización por tanto, sería aquel proceso que se inicia en la niñez, se desarrolla a lo largo de toda la vida y mediante el cual el individuo aprende en la interacción con los demás; así como, con su entorno, las normas culturales, los valores fundamentales y los códigos simbólicos del grupo al que pertenece. En este proceso, cada persona les da forma, los estructura en un ámbito de interacción social para construir su propio sistema de presentaciones e imágenes de lo social; dichas imágenes, entonces, constituirán el componente básico de su identidad ante la sociedad y esta se convertirá en uno de los determinantes fundamentales para su comportamiento.

A través de esto, quiero tratar de comprender que ha sucedido con mi querido El Salvador. En muchas ocasiones, he culpado a la política por los diversos factores que afectan a nuestra sociedad, tales como: seguridad, salud, educación y economía; sin embargo, ahora quiero tratar de comprender donde esta nuestro talón de Aquiles. Antes, tenía un pensar, un sueño, que consistía en que si mi patria tenía excelentes estadistas o políticos con una extraordinaria capacidad para conducir a nuestra nación, mi país se convertiría en próspero y con gran desarrollo; pero he estado muy equivocado, nuestro problema no está en quiénes nos lideran, sino en sus propios ciudadanos, ya que son estos quiénes forjan el caminar de un país que se derrumba poco a poco.

¿Cómo se genera la violencia? Esta es la pregunta que debemos hacernos y reflexionar sus causas, para ello debemos ser conscientes que la violencia siempre nace de la violencia.   Cuando un Juez dicta una resolución injusta, crea violencia; cuando un gobernante abusa del poder para su beneficio, crea violencia; cuando un medio de comunicación miente deliberadamente y con conciencia, está generando violencia.

Nuestra perspectiva como generación es errónea en mi opinión. Aún recuerdo cuando mi catedrática de filosofía me enseño que el pilar de una sociedad es la familia y que esta tiene su efecto de acuerdo a la salud emocional que tengan. Mi generación juzga con un microscopio a la política por sus desgracias como país, y aunque en ningún momento los defiendo, creo que de igual manera deberíamos de evaluar la causa de nuestro problema.

Hace unos años, me había interesado en participar con amigos tratando de buscar una transparencia en la política, en eso escucho a las personas que me rodean y comprendo que sus familias se encuentran desintegradas, y con una gran falta de comunicación. En su momento, trato de reflexionar y unir el rompecabezas de mi familia y, en efecto, coincidía con el mismo problema, pero ¿cómo puede ser que un problema tan pequeño afecte a la sociedad? Esta desintegración que nos causó una guerra de 12 años, está pasando factura a mi generación, a nuestra generación.

La ley de ejemplaridad es muy clara: los hijos cargaran en el subconsciente, durante muchos años, los patrones de conducta que observaron en sus padres. Trato de comprender el efecto domino que generan las familias salvadoreñas en el país, y es que la verdad, todo se resume a que hemos perdido integridad, respecto, unión y lealtad a Dios.

Las universidades y las instituciones educativas podrán entregar a la sociedad: médicos, abogados, políticos, maestros, policías y militares, pero ¿cómo se encuentra la salud emocional en los hogares? ¿Se estará realizando un excelente papel en fomentar valores? Ahora comprendo que, la ciencia sin moral es vana.

Nuestra oportunidad está cada día y todos tenemos la responsabilidad de conducir a nuestro país, porque nuestras acciones tienen su efecto. “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”- Edmund Burke.

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