Colaboradores

12 Feb 2017
Colaboradores | Por: José Mejía

¿Qué pasa cuando pierde legitimidad una democracia?

En los últimos días, llamó mi atención una noticia publicada por un diario nacional que hablaba acerca del nivel de satisfacción de la población con la democracia; concretamente, el artículo expresaba que según datos recabados por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) el 49.9% de los salvadoreños entrevistados se sienten poco satisfechos por el funcionamiento de la democracia en el país. En un primer momento pasé por alto la gravedad de la situación, pero al leerlo con mayor atención comenzó mi preocupación y es cuando decidí escribir este artículo.

En el artículo, IDUOP afirma que: “el 82.6% está poco o nada satisfecho con el desempeño de la Asamblea Legislativa y un 74.9% opina lo mismo de la Corte Suprema de Justicia en el país”. La pregunta lógica que viene a mi mente, luego de tal declaración, es ¿está perdiendo legitimidad la democracia en El Salvador? Y luego, me pregunté ¿qué pasa cuando pierde legitimidad una democracia?

Un buen punto de partida para contestar ambas preguntas es discutir un poco acerca del significado de la democracia. Para comenzar, democracia proviene del griego “demos” que es pueblo y “kratos” que es igual a poder; entonces, esta palabra es el poder reside en el pueblo. Desde una perspectiva general, es una forma de organización del Estado donde las decisiones son tomadas por representantes del pueblo que han sido elegidos directa o indirectamente de manera popular, esto según la RAE. Por lo tanto, el apoyo del pueblo dentro de una democracia es fundamental, de lo contrario pierde su esencia.

Dentro de la democracia existen dos elementos que no pueden faltar: participación política y oposición pública; en caso que coexistan los dos en un pueblo cumplen con los requisitos para ser “democracia”. El primer factor es acerca del involucramiento de las personas dentro de la política, si puede optar por algún puesto o incluso, si puede o ejerce su derecho al voto; mientras que, el segundo factor es más sobre estar abierto al diálogo en cualquier sociedad, si es posible ir en contra del gobierno sin que peligre mi vida, por ejemplo. Ahora bien, para fines del artículo nos centraremos en el primer factor, la participación política.

En El Salvador, una de las principales causas de la falta de participación política y, en consecuencia, apoyo a la democracia es la exclusión social. Para la Comisión Europea, este término es “un proceso que relega a algunas personas al margen de la sociedad y les impide participar plenamente debido a su pobreza, a la falta de competencias básicas y oportunidades de aprendizaje permanente, o por motivos de discriminación. Esto las aleja de las oportunidades de empleo, percepción de ingresos y educación; así como, de las redes y actividades de las comunidades. Tienen poco acceso a los organismos de poder y decisión y, por ello, se sienten indefensos e incapaces de asumir el control de las decisiones que les afectan en su vida cotidiana”.

La exclusión social no es un problema propio de El Salvador, sino que todos los países latinoamericanos la sufren, sea en mayor o menor medida. A tal punto ha llegado que algunos economistas utilizan el término “ciudadanía de baja intensidad” para describir las democracias latinoamericanas, caracterizadas por la exclusión social y la desigualdad típica en la región en la que “el 20% más pobre recibe el 10% de la riqueza mientras que el 20% más rico acapara el 50% de la riqueza”, según muestran las estadísticas de Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Estas condiciones solo generan una apatía en los sectores que sufren de marginación social, quienes incluso llegan a satanizar la política y afirmar “yo no me involucro en la política porque no sirve para nada”, pero si yo decido no participar en la política, dejo que los demás tomen las decisiones por mí. Así de simple.

Mientras se reduzca la participación política, ya sea por apatía o por el diseño propio del Estado, una democracia pierde legitimidad y deja de ser la forma de gobierno más efectiva; y en palabras de Winston Churchill, deja de ser el menos malo de todos los sistemas políticos. Bajo estas condiciones de descontento hacia la democracia, las personas se vuelven más receptivas ante ideas radicales que conllevan formas de gobierno extremistas, tal como sucedió en Alemania o Italia en la primera mitad del Siglo XX; además, aumenta la probabilidad de que surja una figura mesiánica que promueva los derechos de las personas excluidas y conlleve a problemas sociales como el populismo, un fenómeno común en América Latina.

Ahora que El Salvador se encuentra envuelto en una ola de violencia, corrupción y pobreza no resulta difícil imaginar que el descontento de la población puede continuar hasta tomar medidas radicales, inclusive antidemocráticas, que signifiquen un retroceso en el desarrollo social. Aumentar la confianza de los salvadoreños en las instituciones debe ser un tema prioritario en la agenda gubernamental y esto solo se logra actuando de manera efectiva, y sobre todo transparente, velando por las necesidades de las mayorías, pero sin descuidar que la única manera en que el país puede superar la pobreza es con un alto crecimiento económico.

En conclusión, no queda más que advertir que la falta de apoyo a la democracia es un tema de gravedad, si menos personas apoyan un régimen, menos efectivas serán sus políticas y mayores problemas de gobernabilidad tendrán. Aún hay tiempo para cambiar la tendencia negativa, de lo contrario, podemos caer en sistemas radicales como dictaduras, que solo significan un retroceso en derechos humanos y respeto a la propiedad privada, factores fundamentales incentivar la inversión y asegurar crecimiento económico, y bienestar para las familias salvadoreñas.

14 Oct 2018
Con cariño
Colaboradores | Por: Alejandra Portillo

Con cariño

14 Oct 2018
El positivismo barato y la gente tóxica
Colaboradores | Por: Zarko Pinkas

El positivismo barato y la gente tóxica

13 Oct 2018
Los criminales de la nueva era
Colaboradores | Por: Jeferson Aldana

Los criminales de la nueva era

23 Sep 2018
Migración ilegal a Estados Unidos
Colaboradores | Por: Andrea Marroquín

Migración ilegal a Estados Unidos