Colaboradores

7 Jun 2015
Colaboradores | Por: Carlos Gómez

¿Que nos está destruyendo?

¿Será que la situación la estamos creando, la estamos moldeando, la estamos transformando? ¿Será que la situación de nuestras vidas facilita el caos?, ¿Seremos tan culpables del daño que nos ocasionan los demás como del que les ocasionamos? Esto no se resume, esto comienza. La verdad es que nadie está tan ciego para no saber que hemos cometido errores y que los seguiremos cometiendo.

No creo en profecías, no creo en muertos, no creo en fantasmas. Simplemente creo en lo que somos capaces de hacer (eso incluye nuestra destrucción). La vida nos hizo capaces de hacer y, como ironía, de deshacer lo que hacemos. Muchas veces he visto gente destruir sus mejores actos por el simple hecho de que no lo podrán disfrutar para sí. Es una lástima que ahí queda lo mejor de nosotros mismo. Sabemos qué tenemos que hacer pero nadie se atreve a dar el primer paso.

Quizá simplemente no queremos hacerlo porque nadie más lo quiere hacer. Es una verdadera lástima que nuestra mente pueda más que nuestro noble corazón. Somos monstruos de nuestros actos y de lo que no hacemos, somos una sociedad carnívora, una sociedad donde nos deseamos el mal antes que el bien. Todos sabemos que tenemos qué hacer y lo que no. No hay regla moral para lo bueno, no hay biblia que nos juzgue, no hay constitución suficientemente gruesa para decir qué tenemos que hacer. Simplemente no hay conexión desde el corazón hasta el cerebro: somos zombis del mal hábito, somos planificadores y ejecutores de nuestro destino. Elegimos porque el otro eligió. No creamos el camino que nos conviene, solo el que nos da una emoción de satisfacción.

Sin dinero en las bolsas o con mucho en ellas, simplemente elegimos mal. ¿Hechos?: malos pobres, envidiosos, corruptibles, vendedores y compradores de nuestro destino. ¿Será que estamos destinados a desearnos el mal; será que esperamos que todo el mundo cambie menos nosotros mismos?

Pobres de nosotros los que estamos locos en un mundo donde ser normal es un mal, donde un niño prefiere robar antes que pedirle a su padre. Un mundo donde un padre que prefiere que su hijo le robe en lugar de ofrecerle (entiéndase el gobierno). No sé, pero ya me cansé, quizá no haga nada, quizá mis letras no sean para todos, pero para mí, que crecí en medio de este caos producto de un pasado que vende amor, odio, paz, muertos y sobre todo juega con mi destino, ya dejó de ser tan importante escuchar a los que se creen normales.

Escogeré lo que me conviene, más no lo que me gusta.

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