Colaboradores

18 Feb 2018
Colaboradores | Por: Debra Gittler

Procesos de paz a través de la lectura y escritura

Durante los últimos dos meses, tuve el privilegio de participar en la planificación del Diálogo de Seguridad Urbana, un congreso que se impartió el lunes 22 y martes 23 de enero en San Salvador, que incluirá visitas de campo. El Diálogo buscó ofrecer opciones de prevención, más allá de la mano dura.

Y la mejor oportunidad de prevención es la educación, la cual también es la mejor opción para rehabilitación y reinserción.

Pero, educación no es sinónimo de escuela. Entonces, ¿qué se requiere para que la educación aborde la violencia? Y aún más, ¿cómo se provee una educación que promueva la paz?

Bajo un enfoque tradicional, el propósito de la escuela ha sido hasta ahora desarrollar las destrezas académicas para conseguir empleo. Pero, nuestros jóvenes también tienen que desarrollar las destrezas blandas y socio-emocionales para confrontar los traumas constantes en su alrededor, poder participar en relaciones saludables, conformar comunidades fuertes y entrar a la fuerza laboral. En resumen, lograr tener un salario ayuda es importante para enfrentar la pobreza, pero no es suficiente para crear la paz.

Un enfoque informado por trauma

Nadie nace violento; la violencia causa violencia. Los victimarios casi siempre empiezan como víctimas. En El Salvador, la violencia de la guerra, de la migración, de la pobreza y claro, de la delincuencia, crearon y crean una gran cantidad de personas que sufren del trauma de violencia. Comprender y tener compasión de estas víctimas—tenerles empatía—es esencial para poder prevenir que la víctima se convierta en victimario y al mismo tiempo, ayuda a evitar crear nuevas víctimas.

En Escuelas

En las escuelas, esto significa crear ambientes que vayan más allá del currículo escolar, es necesario que promuevan la reflexión y expresión; donde los estudiantes y los jóvenes no solamente tengan la oportunidad de desarrollar sus propias opiniones y compartirlas. Pero, que se les exija desarrollar destrezas para toda la vida, para reflexionar sobre sus experiencias, reconocer sus traumas no como algo normal; pero, algo que deben superar y así proyectarse un futuro positivo.

El centro escolar se convierte en espacio de sanación, no solamente es un centro de desarrollo de habilidades académicas e intelectuales; pero, que utiliza además estos procesos de pensamiento. La escuela forma ciudadanos activos, no en una hora de clase, pero como eje transversal a través de todas las áreas curriculares. Al final, la escuela fomenta jóvenes con habilidad de vivir con propósito y en paz.

En Centros Penales

El sistema penal debe de tener consecuencias, pero también compasión. Deben promover la sanación, no solamente ejercer el castigo. Deben reconocer que la pena para el criminal también es una pena para toda la familia y toda su comunidad. El Centro debe proveer maneras de sanar y preparar a estas familias, y comunidades durante el tiempo de sentencia y durante el proceso de reinserción a la sociedad que cumpla el victimario.

Dentro del penal, se requieren programas educativos y vocacionales, terapias que promuevan la reflexión, y procesos de justicia restauradora, donde los que han hecho algo mal tengan la oportunidad de pedir perdón—a sus víctimas y a sí mismos.

Cómo lo hacemos en ConTextos

En ConTextos, nosotros hacemos este trabajo a través de procesos educativos, dentro y fuera de centros escolares. Utilizamos la lectura para promover análisis, diálogos y retroalimentación. Promovemos la escritura de narrativas personales para desarrollar la reflexión, expresión y sanación. Durante el proceso de escritura los participantes “leen como escritores” mediante borradores, revisión, ilustración y la publicación de sus memorias. A través del proceso, los individuos aprenden a tomar y aceptar crítica constructiva, a mejorar sus capacidades de escribir y a reflexionar sobre el pasado e imaginarse un futuro diferente.

El Círculo de Autores demanda responsabilidad al mismo tiempo que desarrolla la empatía. Compromete a los jóvenes a trabajar en grupo e independientemente a medida que desarrollan actitudes socio-emocionales, que son la base del éxito en la educación, el trabajo y las relaciones interpersonales. El proceso transforma a los participantes. Sus libros publicados son utilizados para entrenar a maestros, la policía, y otros líderes. Sus historias basadas en experiencias reales de violencia y de trauma generan empatía, consciencia y legislación.

Proveer educación para parar la violencia implica entender las raíces del trauma y enfrentarlas, desarrollar el pensamiento crítico y la empatía, y promover la reflexión y expresión. Necesitamos ir más allá de parar la violencia, pero también, fomentar en los jóvenes un sentido de propósito y paz.

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