Colaboradores

17 Oct 2014
Colaboradores | Por: Carlos Alejandro Morales

Princesas esperando a ser salvadas, pero nunca el héroe

La vida es arbitraria y no podemos esperar que todo nos caiga del cielo; siempre habrá obstáculos, pero jamás serán excusa suficiente para no hacer una diferencia.

“Los empresarios de nuestro país únicamente hacen cosas cosméticas sin generar un verdadero impacto social. Prácticamente solo dan limosnas para evadir impuestos, cuando en realidad podrían dar más, ayudar más al país…”, me dijo alguien en una no tan notoria pero acalorada discusión. Quizá pude haber abonado al debate que se discutía con algún comentario que mostrara un poco de imparcialidad, pero no lo consideré prudente, ya que esta persona era uno de esos casos que si les expones un punto de vista diferente creen que ya estas actuando como defensor. Por otro lado, era plática casual, unas simples palabras cruzadas en temas en los que siempre se corre el riesgo de terminar en discusión.

Sin embargo, no puedo evitar sentir cierta incomodidad al pensar que cada día que pasa en lugar de querer formar un mejor país, parece que buscamos quien haga llover maná del cielo y nos dé la solución a los problemas que acontecen en nuestro país. No digo tampoco que no hay culpables de muchas de las desgracias que estamos viviendo, por supuesto que los hay, pecaría de ingenuo si negara esa realidad. Pero no puedo aceptar ese escenario y dejar de lado que las cosas podrían ser diferentes si tan solo cambiáramos también nuestra actitud de princesas atrapadas en la guarida de algún dragón de cuento de hadas.

La vida es arbitraria y no podemos esperar que todo nos caiga del cielo. Siempre habrá obstáculos, pero esos jamás serán excusa suficiente para no intentar hacer una diferencia; hacer algo por el prójimo. ¿Te duele la falta de educación que hay en nuestro  país?  Entonces ¿por qué no te has acercado a una ONG a ofrecer tu apoyo para dar clases en tus tiempos libres? ¿Te duelen los niños que están en los semáforos limpiando parabrisas? Pero ¿cuándo fue la última vez que compraste un pan de caja e hiciste sándwiches para regalarles un almuerzo por sencillo que fuera? ¿Cuándo fue la última vez que donaste ropa no porque ya no la necesitaras? Si quieres puedes argumentar que eso no hará grandes cambios en nuestro país, pero déjame decirte que sí hará un gran cambio para la persona que reciba tu apoyo.

Es cierto, hay personas con más y mejores posibilidades o probablemente con un mayor impacto mediático en nuestro pequeño país, pero eso siempre será así. Por ello nunca semejante pensamiento constituirá una excusa válida para esperar que otros hagan todo o la mayor parte. No necesito subir fotos de los calcetines que ocupo, ni irme a meter con un arma al centro de la capital; no necesito ponerme una camiseta con mensaje ofensivo, ni menos ofrecerles que voy a traer equipos de España a jugar en nuestras canchas. Eso solo es útil cuando quiero dormir mentes sencillas.

Cuando realmente quiero cambiar el país o hacer la diferencia, me armo de valor y dejo de poner mis esperanzas en otros que ni me conocen ni han enfrentado los problemas que el día a día nos ofrece a las personas comunes. Solo entonces dejaremos de ser quienes esperan ser rescatados y de creernos promesas que simplemente no van a cambiar a nuestro país. Solo con acción nos volveremos en los héroes reales que este país necesita.

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