Colaboradores

15 Sep 2013
Colaboradores | Por: Ricardo Velásquez

Predominancia cerebral del nacido en un burdel

El bebé salvadoreño lloraba con potencia, dando fe a su modo de tener saludables pulmones. La madre primeriza brincó de la reunión familiar por instinto, con la intención de atender al hijo. No tardaron los expertos en exponer sendas posturas de crianza. “Debiera dejarlo que llore, dijo el primero, que se vaya acostumbrando a que la vida no es tan cómoda”. La abuela, horrorizada, abogaba lo contrario, “¿cómo se te ocurre? Peligroso le causa un trauma y tan tiernito”. Y aunque a más de alguno podría interesarle  decantarse por la rigurosa formación conservadora o la primorosa y liberal nueva corriente, lo cierto es que ese cipote cuenta con un elemento valiosísimo para acercarlo al éxito en la vida: una diversa familia repartida entre tíos groseros, abuelas consentidoras, primos traviesos y de repente algún hermano antagonista, haciéndoles complemento a unos padres laboriosos y decentes, comprometidos con su bienestar.

Los humanos necesitamos aprender a prosperar con la diversidad y la incertidumbre, apoyados con amor, para desarrollarnos exitosamente. Yo siempre digo que solamente los cobardes intentan controlarlo todo.

Pero ¿y la multitud de niños salvadoreños nacidos en burdeles, carentes de afecto y modelos familiares? ¿Ellos qué aprendizaje obtienen? La pregunta es válida aunque suene a ofensa. Tantos integrantes de nuestra sociedad para quienes cada día es una réplica del infierno que abandonan en sus horas de sueño. Muchos criticamos lo mal que están las cosas hasta en la Selección Nacional. ¿A qué causales econométricas adecuamos la fórmula medicinal, a ese padecimiento de nacer en las peores condiciones, o tener que liderar a esos compatriotas.

Si la educación de los niños con menos o falta de oportunidades no se vuelve la prioridad de cada uno de los que poseen conocimientos valiosos, no hay plan de gobierno que pueda resultar sostenible en el tiempo, pues lo más probable es que el nuevo rechazado social termine sumando estadísticas nefastas a las crónicas negras de El Salvador.

Se ha dicho tanto que aburre, que entre los diversos factores políticos, económicos, sociales, tecnológicos, ecológicos y espirituales, la educación es la primera trinchera que debemos poblar con los mejores defensores. Aquí es donde yo quería llegar con la referencia a los dos niños: hasta quienes tienen todas las ventajas resultan perjudicados si están sometidos a un sistema educativo obsoleto. Yo no encuentro un calificativo más adecuado que la obsolescencia para describir nuestra educación.

Los candidatos de ARENA y el FMLN han hecho énfasis puntual sobre el tema en sus campañas. Los primeros dicen que al enseñarle a pescar a los niños, se resuelven las otras variables. Los segundos dicen que al regalarle los pescados a los niños, se resuelven las otras variables. Yo no sé ustedes, pero en mi casa me educaron a veces con besos y a veces con nalgadas. Va a hacer falta, además de un buen gobierno, la participación de ciudadanos comprometidos para la recuperación de un El Salvador enfermo.

Me tiene sumamente preocupado que nuestro sistema educativo y laboral solo tome en cuenta a las personas con predominancia cerebral izquierda frontal y basal. O sea que aquí solo prosperan fácilmente los que saben mandar y los que saben someterse a los que mandan. Ya va urgiendo que nos tomen en cuenta a los que tenemos predominancia cerebral derecha frontal o basal. Es decir, a los que sabemos crear e innovar y a los que saben concertar y conciliar. Si seguimos educando para mandar y para obedecer, la prostituta va a seguir dando a luz a más salvadoreños y el niño de la cuna a lo mejor se largue a estudiar y trabajar en el extranjero.

*Colaborador de MedioLleno

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