Colaboradores

7 Jun 2014
Colaboradores | Por: Rafael Granados

Política Secuestrada

Quienes dirigen los países ya no piensan en el bien común; solo piensan en ellos y en ver de qué manera logran enriquecerse.

Cuando hablamos de política es necesario dar una mirada al pasado para entender cómo, cuándo, dónde y por qué nace la política. Hace unos 9 mil años se crearon las primeras ciudades, por lo cual las dinastías se convirtieron en monarquías en las que el poder lo ejercía un rey o monarca y el pueblo era considerado súbdito y con obligación de pagar tributos al rey. Estas sociedades eran llamadas Estados, los cuales, al expandir su poderío a otras regiones, se convirtieron en imperios.

En Grecia, la política tuvo una gran transformación, pues fue allí donde nació la democracia, lo que implicaba que el gobierno no era ejercido por un rey o jefe sino por un consejo, que era elegido entre los ciudadanos. Siglos después, los romanos invadieron Grecia y a pesar de que trataron de establecer la democracia como forma de gobierno, esta terminó convertida en dictaduras.

Hay que reconocer que el objetivo o espíritu de la política, desde su origen, fue el bien común. La verdadera política siempre antepone el bien común sobre todas las cosas, incluso sobre los intereses del político, de su familia y de sus amigos. ¿Pero será ese el mismo espíritu de la política que se ejecuta en el siglo XXI? Lastimosamente no. Se ha perdido la visión de la verdadera política, que me atrevería a decir que se perdió desde hace mucho tiempo, cuando hombres y mujeres con intereses mezquinos comenzaron a gobernar. ¿Qué ha pasado con la política que anteponía y profesaba el bien común? ¿Dónde está? ¿Qué se hizo? ¿Para donde se fue?

La política que busca el bien común y el desarrollo de la sociedad en su conjunto; la política que abre sus brazos al rico, al pobre, al empresario, al obrero y al campesino que se afana en la producción de la tierra, como a aquel que tiene sus negocios en los edificios de la ciudad; esa política que mucha falta le hace a nuestros países y que mucho bien le haría si estuviera.

Puedo decir que esa política se encuentra secuestrada por hombres y mujeres que un día en sus aspiraciones de llegar al poder, prometieron a sus conciudadanos un mejor país, una sociedad más justa y equitativa y que ahora, embriagados de poder y fama, se olvidan de las promesas que los llevaron a ganar una elección popular y que hacen a un lado la esperanza de millones de personas que confiaron en ellos al darles el voto.

La política está secuestrada. Quienes dirigen los países ya no piensan en el bien común; solo piensan en ellos y en ver de qué manera logran enriquecerse en su periodo de gobierno. Esto no va solo con presidentes. Aquí entran también alcaldes, diputados y muchos ministros del gabinete, quienes ya sea por acatar órdenes o por iniciativa propia se lucran de su cargo y función pública.

¿Es mala la política? Por supuesto que no. Los malos, muchas veces, son quienes la ejercen y la forma en la que lo hacen, dejándose llevar por intereses propios a sus partidos y sus allegados, dándole la espalda al interés de la nación.

Hago un llamado a los políticos para que vuelva en sus vidas la pasión de ayudar y servir a los demás. Esa es la verdadera forma de gobernar. Solamente de esa manera nuestros países podrán crecer y salir de la etapa de subdesarrollo en la que actualmente están. A los políticos, cuyas obras van enfocadas en el bien común y que se preocupan por el desarrollo de su municipio, departamento o país, les animo a seguir de esa manera, ya que no hay mayor satisfacción que servir a los demás. 

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