Colaboradores

16 Mar 2014
Colaboradores | Por: Gabriel Aguiar

Podemos ser mejores que los políticos

Nuevos días han llegado donde nos queda por analizar los hechos que resaltaron las actividades electoral pasadas. Al final, terminó de una u otra manera, pero es importante considerar la interrogante ¿qué sigue ahora? Este periodo electoral ha sido marcado por campañas de odio tanto de partidos políticos como de funcionarios por individual, lo que nos llevó a solo atacar al contrincante y nos hizo a los votantes ser parte de su misma batalla.

Los resultados demuestran que el país se encuentra dividido y no de manera leve, sino con un fanatismo y rencor hacia la otra parte demasiado fuerte para poder pensar en desaparecer dicha división. Me da tristeza revisar mis redes sociales y ver que están invadidas de comentarios polarizados que confirman lo que el oponente reclama; y en conversaciones más cercanas como en grupos de amigos, poder notar el ataque de unos contra otros por razones ideológicas me conduce a pensar que estamos frente a una generación de intolerancia. Conversaciones en las que en menos de diez minutos, grandes amigos agregan comentarios ofensivos solo por la discrepancia de pensamiento es evidencia de que no estamos saliendo del fanatismo y mucho menos viendo hacia un mejor futuro para el país.

Por mi parte, reclamo a los funcionarios de las diferentes entidades políticas, a varias personalidades del acontecer nacional y a todo líder de opinión por abonar a esta polarización donde hacen ver al contrincante o al que piensa diferente, como un “ciego”, “ignorante” y mal pensante solo por tener diferentes creencias ideológicas, lo que lleva a venderse a un fanatismo asqueroso que no demuestra ser mejor que los errores cometidos en el pasado. Ni en cinco años, ni en veinte años, ni en los meses de contienda política hemos visto funcionarios políticos que incentiven la unión, el diálogo, y el rompimiento de barreras ideológicas para poder crear una mejor cultura de crítica, donde no se jueguen las piezas de “lo malo” y “lo bueno” sino que se implementen ideas de colaboración honesta, transparente y en pro del bienestar social de la población salvadoreña.

Los resultados finales de las elecciones recientes muestran que los salvadoreños votan por un lado de la moneda, y los partidos políticos hacen que una propuesta sea el inverso total de la otra para polarizar aún más las decisiones de la población.

Este debe de ser uno de los primeros retos de los nuevos funcionarios y de toda la población salvadoreña: el querer escuchar al otro y sacar beneficio mutuo de una unión y de una colaboración política haciendo que, si llega a haber polarización, que la división no esté constituida de odio y recelo sino que sea solo por criterio político fundamentado en argumentos legítimos lejos del fanatismo.

Es el reto que le reclamo a los que conforman el sistema político y a todo salvadoreño desde su rol en el país: demostrar que podemos ser mejores y que podemos cambiar, que podemos dejar atrás el odio y fanatismo y poner adelante la construcción de un país más incluyente, respetuoso, culto, y demostrarse a sí mismo que la edificación de un mejor país está en la labor de ser mejor ciudadano y no solo de elegir buenos políticos.

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