Colaboradores

13 Abr 2014
Colaboradores | Por: José Guerra

Pensiones: nuestro futuro está pendiente

Uno de los temas que deberá tomar como prioridad el próximo Ejecutivo es el sistema de pensiones, el desajuste fiscal que genera su actual funcionamiento y el planteamiento de una re-reforma. La zozobra conmociona a todos a los que se les aplica el descuento de AFP, y no es por poco, claro está. En la actualidad, se puede concebir la idea de que el Estado no tiene los fondos suficientes para pagar las pensiones a quienes se retirarán a partir del 2015. ¡Una grave noticia!

El entorno crítico sobre las pensiones tiene antecedentes que me gustaría compartir para que se tenga una visión clara. En 1998, el gobierno de Armando Calderón Sol hizo una reforma al régimen contributivo que implicó un cambio de esquema de reparto: el Estado recoge la contribución de todos los trabajadores y la reparte en tiempo de jubilación conforme necesidad a uno de capitalización privada. Lo anterior implica la creación de cuentas personales de ahorro con tasas de intereses que en tiempo de jubilación se entregará al ahorro habiente. Con dicha reforma, se pasa del INPEP (administración pública) a las AFP (administración privada), con el fin de detener el creciente endeudamiento gubernamental que estaba dirigido a quebrar totalmente las finanzas estatales en poco tiempo.

En el 2006, se creó un Fideicomiso de Obligaciones Previsionales para pagar las pensiones del ISSS y el INPEP porque el Estado no tenía cómo cubrir el monto, lo que generó una deuda mayor. Una cifra demasiado preocupante se dio a conocer en mayo de 2013. Del 3.4 por ciento de déficit fiscal, el 1.8 provenía de las pensiones y su falta de liquidez, lo que ha ocasionado sugerir la iniciativa de disminuir la cobertura de la pensión ampliando a un 6 por ciento el límite mayor de la edad productiva.

Un dato curioso es que, en la actualidad, a pesar de la suficiencia de las pensiones en El Salvador con respecto al costo de los enseres básicos de los jubilados, es visible que el nivel de beneficios que reciben los cotizantes al momento de su jubilación ha disminuido de forma increíble, ya que dicho nivel de beneficios se basa en dos factores: el monto del salario con la densidad de cotización y la rentabilidad de los fondos del sistema de pensiones, de la que se sabe que durante el periodo 1999-2011 ha disminuido gradualmente de un 14 por ciento a un 2 por ciento.

Estos porcentajes nos alarman y nos hacen pensar sobre el futuro y la sostenibilidad del sistema de seguridad social para los trabajadores retirados de nuestra generación. Como vimos, el régimen de capitalización es aún muy joven y los primeros que desde el inicio de su carrera laboral se incluyeron en este les harán falta 15 años para jubilarse, y aún no se sabe si El Salvador sostendrá la pensión en el 2035. Nosotros, los empleados y profesionales independientes tardíos, ¿tendremos pensión?

Creo firmemente en la urgencia de una reforma a la reforma del sistema salvadoreño de pensiones y su ley. Una ‘re-reforma’ que otorgue un fortalecimiento institucional tanto al Estado en la defensa de los ahorro habientes como a las empresas administradoras de los fondos; que unifique los entes públicos de pensiones en uno solo; que amplíe el campo de maniobra para las administradoras para acrecentar la cobertura tanto a la universalidad de la pensión básica como en la duración de la cobertura -conforme lo permita el estado de crecimiento económico-; que incremente la solidaridad social por medio de la implementación de mecanismos de incentivos y regalías de carácter social, además de la equidad de género cubriendo con especial atención la pensión para trabajos que se definen culturalmente como femeninos; que regule el gasto administrativo con el fin de hacer más eficientes los fondos con responsabilidad.

Además, para un reforzamiento de la sostenibilidad financiera del sistema es necesario se otorguen las herramientas jurídicas y prácticas para atacar la evasión y la mora y, que cree un sistema de varias carteras nacionales e internacionales de inversión, cada una con su rentabilidad y riesgo, para invertir los fondos de Certificados de Inversión Previsionales para aumentar la rentabilidad y sostenibilidad, además de permitir hacerlo ya que la ley actual lo prohíbe.

Las pensiones futuras de los trabajadores actuales están pendientes. Por eso hago un llamado a los actores políticos a que fomenten el diálogo, se piense un mejoramiento al Sistema de Ahorro para Pensiones y se haga una re-reforma para los que pronto se pensionarán y por los que aún nos hacen falta más de dos décadas. Solo se necesita buena voluntad.

 

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