Colaboradores

4 Jun 2017
Colaboradores | Por: Stanley Arévalo

Para los salones universitarios

Justo antes de escribir cada una de estas palabras, pensaba la forma correcta de redactarlas. Esta vez tendré que escoger a una pequeña porción de los lectores, mis palabras van dirigidas a todos aquellos que se pasan la noche frente a la computadora o cuaderno con un bolígrafo en la mano y tal vez con una calculadora en su mano libre, como lo es en mi caso, que la noche se ha vuelto día y el día sigue siendo día. Para todos aquellos que enfrentan una pequeña lucha en los salones o magnas de las universidades de nuestro pequeño país, con una motivación y un sueño para cumplir.

Les escribo a ustedes que se esfuerzan a diario, que no conocen la noche hasta el día que terminan el último parcial o evaluación y se dan cuenta que la cama siempre estuvo a su lado, pero estaban tan distraídos que no se daban cuenta, soñaban con las evaluaciones en los pequeños momentos de libertad.

Puede parecer un poco dramático, pero es la lucha que enfrentamos, estudiar para una evaluación y darse cuenta que el catedrático no evaluará lo que estudiaste o, en el peor de los casos, que al momento de la evaluación que se te olvide todo. Tranquilos, a todos nos pasa.

Tengo muy en mente que por estas fechas los ciclos están terminando y todo está quedando definido. Sabes con certeza si lograrás salvar la materia, o no, o si tendrás que rogarle al catedrático por esos decimales que faltan; incluso, si tendrás que inventarte una excusa a tus padres o llegarás contento a tu hogar y dirás “se pudo” con una sonrisa en tu rostro, te recostaras en tu cama y dormirás bien por primera vez en todo el ciclo.

Sea cual sea el caso, hoy te animo a que no te rindas, ya que una calificación sobre una papeleta no determina lo inteligente que puedas ser. En cierta forma, esta solo determina lo aplicado que puedes ser, pero siempre funciona así. Una materia reprobada no es el fin del mundo, tampoco es para estar tranquilo. Siempre debes mirarle el lado bueno, a través de la tristeza, y pensar que tal vez debas cambiar tus hábitos de estudio y así dar mejores resultados. ¡No te rindas! Desanímate, sí, un poco, pero no para siempre.

En mi caso, yo estudio una ingeniería y puedo dirigirme a aquellos que estudian una carrera similar. No se rindan, si el despeje de la función no les da, sigan probando por todos los métodos conocidos y recuerden que nunca está de más buscar en internet algún truquito. Porque recuerden que, a veces, los catedráticos dejan actividades que no están en los libros para que nosotros busquemos. No se rindan si la derivada falla o si el límite les queda cero sobre cero; o si en un momento de desesperación pensaron que infinito sobre infinito es igual a uno. Saben que la respuesta es no. O peor, si el programa no les compiló a la primera; la pieza se quebró, el circuito falló, si la ecuación diferencial al final les dio cero y pensaron. No se rindan, yo sé cuánto cuesta. Sé que no es fácil, pero si se rinden habrán cometido el peor error de su vida. Una nota no define la clase de persona que eres, pero si define tu actitud.

Quiero que sigas intentando y que por favor no seas egoísta, si pudiste entender un tema, explícalo a alguien que no entienda, esto no es una maratón, no todo es competencia. No seas el tipo cae mal. Si entiendes fácilmente los temas agradecé al cielo por tu capacidad y explícales a los que puedas, aunque esto no significa darles “copia”.  Este país necesita buenos profesionales. La inteligencia no es algo estipulado, cada quien es inteligente en lo que le gusta y en su propio ámbito. Como compañero de guerra les animo, no se rindan y en poco tiempo seremos colegas profesionales.

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