Colaboradores

30 Abr 2017
Colaboradores | Por: Nahúm Cruz

Ojalá un día mejore la atención a los pacientes

En los hospitales públicos y seguros sociales diariamente desfilan miles de salvadoreños en búsqueda de ayuda para el tratamiento de sus enfermedades. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el acceso al servicio de salud es uno de los derechos fundamentales a los cuales tiene acceso una persona. Y esto lo reafirma el art 2 de la Constitución de la República, que tenemos derecho a la vida, a conservarla y cuidarla.

Pero este servicio tiene que ser de calidad y eficiente, que se ajuste a las condiciones y parámetros de casos, que no pueden esperar. Y en específico me refiero a la mala atención en los centros asistenciales, la mala organización y por si fuera poco, para pasar una simple consulta externa se debe perder todo el día. Solo así se logra ser atendido por el médico y si este da una receta, se debe esperar alrededor de dos o tres horas para recibir el medicamento, en caso que haya medicamento.

En todos centros asistenciales se percibe un ambiente de lamentos, quejas y mala atención, expresiones como “perdí el día” o “a nada vine”, son comunes. Todo el personal se siente en la libertad de tratar repugnantemente a las personas, aunque estas sean mayores.

Yo he sido testigo de lo que afirmo y redacto un caso. Hace unos meses atrás, por asuntos familiares, estuve en el ISSS de San Miguel, que por la construcción del nuevo seguro, ahora están atendiendo en el Hospital San Juan de Dios. La ginecología es en el Hospital Militar; en ella había alrededor de 20 mujeres embarazadas, que esperaban a ser atendidas por el ginecólogo.

Primero, les dijo la enfermera que el ginecólogo llegaría a las 11 de la mañana; entonces, las mujeres siguieron a la espera, pero el doctor no apareció hasta pasada la 1 de la tarde. Este médico pasó a dos pacientes, pero una enfermera llegó a interrumpir la consulta y el doctor dejó a sus pacientes, regresó como a los 20 minutos. A las 4 de la tarde el ginecólogo terminó su turno y las pacientes, que estaban ahí desde las 11 de la mañana, se quedaron esperando.

Una mujer, que estaba más que intranquila, se acercó a las enfermeras, pero ellas solo le dijeron “ya llegará su turno”. Efectivamente, su turno llegó, pero a las 6:35 de la tarde. Pensé, ¡qué injusticia! ¡Qué lamentable! ¡Qué atención más deficiente! Entró al consultorio y se sometió a una ultrasonografía. A los 25 minutos salió llorando, no era para menos ¡había perdido su bebé! Luego, conversando con ella, me enteré que tenía casi cuatro meses de embarazo. Tenía una emergencia y le hicieron esperar como si llegase a una consulta cualquiera. No cabe duda que tantas horas de espera, en este caso, fue un atentado contra la vida.

Ojalá un día no muy lejano, mejore la atención a los pacientes. Atenderles con más sensibilidad humana, no solo los haría sentir mejor, sino que sin duda salvaría vidas. Sobre todo, tratándose de mujeres embarazadas, que para el Gobierno “son prioridad”. Que todos los médicos se concienticen que no solamente es una vida en juego, sino también la de otra ser en proceso.

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