Colaboradores

18 Jun 2017
Colaboradores | Por: Diana Chavéz

Nosotros somos los sobrevivientes

Todos los días viajo en bus y por la carretera de los Chorros siempre paso leyendo un viejo grafiti desgastado con la siguiente frase “pobre presidente te olvidaste de la gente”. No estoy segura de hace cuánto lo hicieron, pero con nuestra situación política esa afirmación se ajusta a todos los gobiernos que hemos tenido.

A inicios del mes, la IUDOP publicó su encuesta sobre la valoración que le da la población a Sánchez Cerén por su tercer año de gestión y con una nota de 4.79 se consideró al actual gobierno como el peor calificado de la historia. Un 80.7% de los encuestados no se sienten beneficiados con esta forma de gobernar; mientras que, la delincuencia y la economía son las temáticas que más preocupan a la población, donde ha habido mayores fracasos en su resolución.

Es lamentable las situaciones de pobreza, desempleo y violencia que miles de salvadoreños sufrimos día con día; todo por la mala implementación de programas, la incapacidad de las leyes y la constante corrupción dentro de los distintos órganos del Estado. Es que es casi imposible concebir como moralmente estas personas, que supuestamente son las encargadas de velar por el pueblo, son los primeros en aprovecharse del mismo. Me pregunto entonces, ¿Cómo el dinero tiene tanto poder de corromper a una persona y ponerla a merced de lo sucio, lo ilegal y lo injusto?

Es una tristeza enorme ver a ancianos que deben salir a las calles a pedir o vender alguna cosa para poder subsistir, ya que no hay un programa que les ayude de verdad; y peor, ver los encabezados de los periódicos o los titulares de la televisión con noticias sobre asesinatos por la ineficiencia de los mal llamados “golpes a la delincuencia”.

Y eso sin mencionar, las injusticias que se cometen en el Órgano Judicial contra aquellos que han dañado la integridad de una, o muchas personas; así como, el alto costo de la vida en un país que paga una miseria, pero que le cobra mucho a la gente, donde no hay empleo ni oportunidades para los más pobres. Esas personas que no cuentan con vivienda digna, agua potable o servicios de luz.

En la encuesta, las personas mencionaban los paquetes escolares y la entrega de uniformes como los programas más eficiente que el gobierno ha implementado, pero ¿De qué sirve si los niños y profesores tienen miedo de estar en las escuelas porque las pandillas los amenazan?

En El Salvador no se trata de vivir, sino de sobrevivir día a día con todo el cáncer social que hemos venido arrastrando y eso desde los tiempos de la guerra. Sobrevivimos comiendo y dando de comer, a veces, hasta con $2 diarios; haciendo todo lo posible para que el ranchito no se caiga; a la espera de que esta vez el agua sí llegue a la colonia después de casi un mes; tratando de encontrar un empleo rápido; de que los hospitales tengan la medicina que necesitamos porque no hay dinero para una consulta privada; de que el jefe no me grite porque me tardé en ese tráfico o, en el peor de los casos, que me eche del trabajo. Y sobrevivimos estando en la zozobra de no estar hasta tarde en la parada de bus o en la calle y que no nos pase nada, que no nos roben en el bus o que nos asesinen.

Cada pobre presidente que hemos tenido nos ha dejado solos y todavía seguimos en la lucha, con la pequeña esperanza de que al fin alguien con empatía y la voluntad política, social y moral nos quite esa venda de injusticia, corrupción e impertinencia de la situación gubernamental; esa que lastimosamente nos ha tocado sobrellevar toda la vida.

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