Colaboradores

18 Feb 2017
Colaboradores | Por: Diana Chavéz

No se debe encubrir la verdad para salvar pellejos políticos

Desde hace mucho tiempo, el país ha esperado que demanden a reconocidas personalidades políticas por su participación en los crímenes de guerra, ahora ya sucedió. Muchos salvadoreños conocemos la historia de guerra civil que nuestro país sufrió en la década de los 80, así como sabemos que algunas personas involucradas en dicha guerra, ocupan puestos en los diferentes poderes del Estado.

Se ha hablado de un proceso de paz, pero este no llega a concluirse y tras años de intentos, no se ha visto el cambio social que se prometió en la firma de aquellos acuerdos, esos que finalizaron la cruda guerra, esa que acabó con la vida de muchos hermanos salvadoreños. Si bien es cierto, los acuerdos fueron el primer paso a algún tipo de inserción para ambas partes y así comenzar con el proceso de reconciliación, hasta este momento es difícil estar cerca del tal anhelado cambio, si se sigue encubriendo la verdad para poder salvar unos cuantos pellejos políticos.

El borrón y cuenta nueva para el cual se creó la Ley de Amnistía, no ha sido más que un chiste para el concepto de justicia en el país y un obstáculo para devolver todo aquello que les fue arrebatado a las víctimas. Se les quitó la esperanza de que alguien se hiciera cargo de las atrocidades, esas que tanto impacto tuvieron en sus vidas; que se les pidiera perdón y se les explicara con fundamentos racionales, aunque claramente no los haya, el porqué de tanta maldad contra ellos; se les ha quitado el derecho de saber quiénes son los verdaderos culpables de sus esposos desaparecidos, las jovencitas violadas y torturadas, de aquellos niños que ya no pudieron estar junto con su mamá y papá, los muchachos raptados Dios sabe para qué y del paradero de miles de víctimas más.

Ellos y todos nosotros necesitamos saber quiénes son los que están detrás de tantas muertes, de tanto dolor.

Ahora la inconstitucionalidad de la Ley de Amnistía es una realidad y es un llamado para que el miedo desaparezca de todos aquellos, a quienes les arrebataron parte de su vida y también para que los verdaderos culpables den la cara, y paguen por lo que hicieron. Sin importar el bando, ya es hora de sacar ese lado humano y, por primera vez, pensar en el daño hecho a la sociedad salvadoreña, ya es hora de pedir perdón a todos los que sufrieron y a los que pagaron el precio de la intolerancia política del país.

Es hora de que uno a uno vaya pasando por el banquillo de los acusados y que sea juzgado como se debe, que esta vez sean ellos los que sientan qué es carecer de libertad, de derechos. Y no, no se trata de “hacer daño político” o una “estrategia para desprestigiar” a algún partido en específico, se trata de al fin pagar las cuentas pendientes y de empezar a hacer justicia para aquellos que, de verdad, la merecen.

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