Colaboradores

21 Oct 2012
Colaboradores | Por: Edgar Orellana

¿No pueden los diputados disentir de su partido?

El art. 125 de la Constitución dispone: “Los Diputados representan al pueblo entero y no están ligados por ningún mandato imperativo. Son inviolables, y no tendrán responsabilidad en tiempo alguno por las opiniones o votos que emitan.” Pero qué importancia podría tener el artículo anterior de la Constitución Política de El Salvador. Si lo analizamos y comparamos con las pretensiones de ARENA de someter a un juicio político al Diputado Cnel. Sigifredo Ochoa Pérez, entonces nos debemos preguntar: ¿Cree el COENA que los diputados están obligados a votar de acuerdo a instrucciones de la cúpula partidaria? ¿Puede un tribunal de ética proceder sin analizar previamente la denuncia y su sustentación?  ¿O debe proceder, como un tribunal real, aceptando o rechazando la denuncia si ésta no cumple los requisitos?

Es natural suponer que el tribunal de ética procederá de acuerdo a los procedimientos que se esperan de la indiscutible calidad moral de sus integrantes, todos ellos personas de mi más alta estima. Pero para el arenero de base, esto representa una incongruencia. Primero, al que se procesa es una figura reconocida desde los primeros años de fundación del partido, ha ocupado diversos cargos públicos de responsabilidad, y ha sido una persona de carácter definido. En las situaciones más adversas ha sido fiel, ¿Entonces cómo es posible que a base de libelos se le forme causa? Aunque nadie puede asegurar que no puedan existir razones de peso para cambiar la opinión de un político, también se debe respetar al individuo, pues como tal tiene derechos y nosotros los que votamos por él partido y por él, también podemos pedir a ambas partes un comportamiento acorde a las circunstancias.

Creo que debemos avanzar más en educación política, pues no podemos esperar que nuestros diputados levanten la mano porque le deben el puesto al partido o al amigo. Deberían ser sus votos el resultado de un análisis de conciencia de cada diputado, y de preocuparse cada uno por conocer las consecuencias de su voto. No debería ser la cúpula sino ellos mismos como líderes, los que se pongan de acuerdo, es decir si es necesario como bloque aplicar los votos.  Esto debe ser discutido y haber convencido con argumentos a todos y, si al final no se puede, entonces pactar pero nunca amenazar u obligar a votar a alguien por la fuerza del engaño o amenaza.

Sin embargo, el jefe de bancada ya le condenó, declarándole no grato ¿pero para quién? ¿Será sólo para él?  O tampoco ¿los demás diputados pueden hablar u opinar? El hecho que dentro de ARENA se haya siempre esperado que los diputados tengan una obediencia ciega, donde no pueden opinar “sin permiso” pero si deben levantar siempre sin análisis su mano para votar por lo que se les indique por el jefe de fracción, es algo que siempre me pareció ridículo.

Pero ahora que todos hemos elegido diputados por rostro, entonces hay una clara dependencia de los mismos hacia los electores. Ya no caben conceptos de unidad partidaria por sobre los electores.

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