Colaboradores

26 Abr 2014
Colaboradores | Por: Carlos Alejandro Morales

No hay que jactarse de lo que no se tiene

Hay puntos que son bastante difíciles de exponer, no tanto por la temática de la que se traten sino por el público que lo recibe. Así, hacer ciertas observaciones de política se vuelve complicado porque siempre habrá un grupo que verá como un ataque cualquier señalamiento que se haga hacia el partido de su preferencia. Sin embargo, quiero invitar a todo aquel que se sienta atacado u ofendido por este artículo a que, antes de emitir cualquier juicio, acuda a la ley o por lo menos a los artículos que aquí van a ser citados, antes de interpretar este escrito como un atentado hacia su inclinación partidaria.

Desde hace poco más de dos años fue aprobada en nuestro país la “Ley de Acceso a la Información Pública” la cual aparece como una herramienta necesaria para que los ciudadanos podamos aplicar el derecho de respuesta reconocido en el artículo 6 de nuestra Constitución. Este principio y la LAIP tienen como finalidad una sola cosa: “la transparencia”. La Ley de Acceso, en su artículo 6, define la transparencia como “el deber de actuar apegado a la ley, de apertura y publicidad que tienen los servidores públicos en el desempeño de sus competencias y en el manejo de los recursos que la sociedad les confía, para hacer efectivo el derecho de toda persona a conocer y vigilar la gestión gubernamental”.

Podemos entender, entonces, que la transparencia es algo que se le debe exigir no solo al gobierno central sino a cada funcionario público, en especial si maneja fondos que provienen de nosotros los ciudadanos. Ahora bien, cuando en las recién pasadas elecciones pude ver al propio presidente haciendo constante mención del tema mediante spots televisivos (que no eran propaganda política, pero que extrañamente desaparecieron justo después de las elecciones), y cómo se jactaba ampliamente que su gestión, había sido totalmente transparente, no pude más que recordar no solo uno sino varios casos donde tal postura puede ser fácilmente refutada.

Obviamente, escribir todos los casos donde la transparencia brilló por su ausencia haría que este escrito ocupara una cantidad de espacio más allá del permitido y es por ello que siento adecuado hacer una breve mención de los más sobresalientes, dándoles como mi sugerencia que aparten unos minutos de su tiempo y los estudien profundamente a título personal con la intención de responderse a sí mismo ¿han sido verdad al 100 por ciento?

La LAIP clasifica tres tipos de información: la oficiosa, la reservada y la confidencial. Por eso sorprendió ver al presidente declarar como reservados los viajes de él y su esposa, siendo esto una clara contradicción articulo 10 LAIP, el cual nos indica toda la información oficiosa debe ser publicada sin que nadie la pida y donde en su numeral 11 señala como tal las misiones oficiales, es decir, los viajes que se realizan con fondos públicos. El argumento de que su reserva es por seguridad pública y personal carece de toda lógica porque de lo que se pide cuenta es de los viajes que ya fueron realizados y es allí donde el argumento ocupado para reservarla pierde total validez.

Otro caso muy mencionado durante el 2013 fue el de los asesores de la Asamblea Legislativa, caso que a la fecha le ha adjudicado dos multas por incumplimiento de entrega al propio presidente de dicha institución, ya que esta información, al igual que la anterior, también se encuentra en el articulo 10 en el numeral 6, haciendo obligatoria su entrega. Finalmente, les invito a buscar un poco sobre el caso de los correos electrónicos cruzados entre el expresidente de la Corte Suprema de Justicia y el gerente legal, sobre el que la sentencia inicial de la Sala de lo Constitucional fue de entregar la información pero que poco después fue revocada con base en argumentos que solo dejan mucho que desear.

Estas claras omisiones a la verdadera transparencia dejan sin respaldo aquella jactancia que vimos tan solo unas semanas atrás, y además no reflejan ningún cambio en la intención de hacer las cosas de forma diferente. Para aquellos que se escudan tras el argumento de que el pasado lo hicieron otros gobiernos, permítanme decirles que semejante defensa solo demuestra que en realidad no  están en contra de la corrupción venga de donde venga, sino más bien en un desacuerdo ideológico enfocado más al fanatismo que a la razón . No olviden que una verdad a medias no deja de ser una mentira completa.

 

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