Colaboradores

10 Mar 2013
Colaboradores | Por: Enrique Morales

Necesitamos un cambio de mentalidad

Mientras los demás países latinoamericanos están creciendo y comiéndose el pastel a grandes mordidas, nosotros permanecemos estancados. Quisiera saber qué nos pasó, ¿qué hizo que pasáramos de ser un pueblo altamente emprendedor y próspero, a un pueblo cómodo, que gusta de lo fácil y rápido, y que ya no produce nada?

 

En la década de los 90, época de posguerra, se impulsaron reformas que dinamizaron la economía y hasta se dijo que, después de Chile, éramos el siguiente milagro económico de América Latina. Se conocía que producíamos de los mejores cafés del mundo, que éramos una economía próspera, con oportunidades estratégicas, que valía la pena voltear a vernos e invertir. Al parecer, íbamos por buen camino. Sin embargo, nos dormimos en nuestros laureles. No seguimos tomando acción para hacer que ese crecimiento despuntara, por el contrario, actualmente nuestro PIB apenas crece y el poder adquisitivo va en decremento, hemos caído en todos los rankings internacionales, nuestra deuda aumenta y las noticias solo hablan de peleas entre el gobierno y las empresas.

 

Los países latinoamericanos están destacando internacionalmente por sus logros, Perú por su boom económico, Panamá por la ampliación del canal, Brasil por su industria pujante, México por su cultura y exportaciones, Costa Rica como país verde, Chile por su envidiable estabilidad política y económica, ¡pero a nosotros apenas y nos reconocen por violencia y delincuencia!

 

Podemos ver el problema como algo meramente económico, sin embargo, es un problema de pensamiento. El país tiene un desánimo generalizado, las empresas no invierten, no se modernizan, no crecen y el gobierno no hace nada más que cobrar más impuestos y gastarlos de manera excesiva y descontrolada, en vez de apoyarnos mutuamente, ¡como si no fuéramos todos salvadoreños!

 

Nos hemos acomodado en esperar que las cosas pasen y en pensar que algún día la situación mejorará, no obstante, depende de nosotros que la prosperidad llegue.

 

Es necesario que cambiemos nuestra manera de pensar, que dejemos ya de estar pensando que es culpa de administraciones anteriores o de la crisis. Es culpa nuestra por habernos acomodado cuando la carrera apenas comenzaba y haber sido tan cortoplacistas y egoístas. Pero nunca es tarde para abrir los ojos y corregir el mal camino.

 

Tenemos mucho trabajo por hacer y un gran futuro que perseguir. Es necesario que nos pongamos a trabajar y comencemos a mejorar la productividad, desarrollar y adquirir tecnologías para fortalecer nuestras empresas, en vez de venderlas al mejor postor. Necesitamos una industria fuerte, que sea capaz de sacar mayor provecho a los tratados de libre comercio y no depender tanto de las importaciones, pues hemos llegado al colmo de importar frijoles y maíz, porque la producción nacional no alcanza.

 

Apoyemos lo nuestro, tenemos buena tierra, un excelente café, mano de obra técnica calificada (aunque es necesario hacerla más competitiva) y empresas con calidad internacional. Pero necesitamos cambiar de mentalidad a una más positiva, apoyar la creatividad, buscar la excelencia en lo que hacemos, encontrar las ventajas estratégicas que tenemos como país y las maneras de sacarles el máximo provecho, ponernos de acuerdo todos en el país que queremos; en fin, trabajar para que nuestro país sea una gran nación para todos los salvadoreños y ponernos de nuevo en el contexto internacional como una nación competitiva y seria.

 

*Colaborador de MedioLleno 

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