Colaboradores

10 May 2015
Colaboradores | Por: Ricardo Hernández

Monseñor Romero, ¿símbolo de rebeldía?

Durante años, la izquierda salvadoreña se ha esforzado por vincular la imagen del arzobispo y mártir, Monseñor Romero, con su lucha revolucionaria en El Salvador. Directa o indirectamente, han ligado su rostro a figuras revolucionarias como Schafik Handal, Farabundo Martí y el Che Guevara.

En ningún momento, el arzobispo hizo un llamado al pueblo a armarse, o a tomar por la fuerza un cuartel, o a incorporarse a un grupo guerrillero. Romero, como pastor, asumió la responsabilidad de acompañar a un pueblo que se desangraba en medio de un fuego cruzado, teniendo a los más necesitados como opción preferencial. Los grupos rebeldes, para él, desarrollaban una estrategia violenta y sediciosa a la que bajo ningún término, como cristianos y sociedad, debíamos recurrir. Romero estuvo del lado de la vida, de la paz, y luchaba por el bienestar de las grandes mayorías bajo ninguna otra bandera ni ideología que no fuera la cristiana.

Treinta y cinco años después, el FMLN sigue destacándolo como un “compañero revolucionario”, cuando muchos líderes de esta organización lo tildaron de “cura vendepatria” e ignoraron su llamado de paz y diálogo a finales de los 70.

Hoy por hoy, el mejor tributo que podría hacerle el FMLN a Monseñor Romero sería quitar su imagen de las pancartas con símbolos y personajes de izquierda. Dejar de gritar ¡Romero Vive, la Lucha Sigue!, y evitar compararlo con personajes como el Che Guevara o Fidel Castro. Ya San Juan Pablo II nos había hecho el mismo llamado en su primera visita a nuestro país:

“Al recordarlo, pido que su memoria sea siempre respetada y que ningún interés ideológico pretenda instrumentalizar su sacrificio de Pastor entregado a su grey.”

Por eso, creo necesario dejar de explotar su figura para atacar a otros partidos políticos, y dejar al pastor en el lugar donde debería estar: en la mente y corazones de todos los cristianos que luchan por la paz, la libertad y la justicia sin distinciones políticas.

Monseñor Romero fue uno de los hombres más valientes que haya existido en nuestro país, comprometido por una tierra que, hoy por hoy, se sigue desangrando en un mar de violencia. No confundamos la chicha con la limonada, dejemos de utilizar su figura para sacar raja política. Permitamos que su beatificación sea una oportunidad para unirnos como país, y no para seguir empañando su mensaje y su figura. Detrás de todo esto hay un tema de educación que principalmente los dirigentes políticos deberían asumir. Romero no fue un “cura comunista” ni un “compa revolucionario”. Monseñor Romero fue una de las tantas víctimas de la violencia de aquellos años. #MonseñorRomeroEsParaTodos y en especial para quienes creemos que podemos construir un país más justo, más libre y con más paz.

Invito a quienes lean estas líneas a que estudien la vida y mensaje de nuestro futuro beato. Orientémonos, y no nos dejemos engañar por consignas y mensajes distorsionados de algunos políticos, no dejemos escapar esta valiosa oportunidad para aprender de su figura, y sobre todo, poner en práctica su mensaje.

Eso sería bueno para comenzar.

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