Colaboradores

7 Feb 2015
Colaboradores | Por: Jaime Peraza

¿Migajas o salario?

Si el gasto público fuera mayor y no desviado por la corrupción, si fuera financiado, además, por los impuestos a los ricos que hoy tributan muy poco, se podría mejorar considerablemente la equidad social.

Cuando se observan las noticias que nos hablan de salarios que no permiten superar la línea de la pobreza, de jornadas laborales excesivas, del accidente de un bus cuyo conductor llevaba mucho más tiempo trabajando que lo que permite la ley, cuando un trabajador asume dos o más trabajos para juntar el dinero necesario para mantener a su familia, no se puede percibir otra cosa que las demandas del pobre están lejos de ser suplidas.

Se dice que hay muchos dispuestos a dar limosnas, pero no a pagar un salario adecuado a sus trabajadores. Y sigue siendo así en muchos casos todavía. ¿Por qué en El Salvador existen políticos ricos y trabajadores pobres? de un lado. Políticos sin escrúpulos ni ruborizados se aumentan el salario, mientras miles y miles de salvadoreños trabajadores no ganan ni siquiera lo justo para vivir.

Los salarios cubren un mercado muy especial de seres humanos. Hay un importante factor moral que ayuda a determinarlos, como límites a la jornada laboral, descanso y vacaciones, despidos con justa causa y el que nunca puede ser disminuido por los patronos. Ahora se habla de un mínimo vital que cubra las necesidades de una familia y que puede ser alcanzado por una economía más próspera. ¿Prosperidad? Es lo que no hemos tenido en la última década, pero no ha sido para todos; no todavía.

Frente al deterioro en la distribución del ingreso que se observa en las cuentas nacionales de nuestro país, donde aumentan las ganancias, intereses y rentas, en detrimento de los salarios y, en especial, de los ingresos por cuenta propia (informales), un salario mínimo mayor debe contrarrestar en algo la distribución en contra del trabajo. A pesar de ello, la distribución del ingreso se ha deteriorado por factores de economía política, pocas o casi nada de oportunidades de empleo por parte del Ministerio de Trabajo durante los pasados años. Si el gasto público fuera mayor y no desviado por la corrupción, si fuera financiado, además, por los impuestos a los ricos que hoy tributan muy poco, se podría mejorar considerablemente la equidad social.

Esto se da al mismo tiempo en que nuestro país avanza rápido al desarrollo. Pero claro, no es posible llamar desarrollo (sólo al crecimiento) a un país que muestra niveles de inequidad como los que aún presentamos. Tenemos la necesidad de alcanzar una mejor distribución del ingreso, conseguir que la negociación colectiva alcance a más trabajadores y que se convierta en un auténtico proceso de diálogo social. Es un verdadero desafío.

Por el lado sindical, es necesario también que su dirigencia trabaje fuerte en mejorar sus competencias para representar con mayor propiedad los intereses de sus dirigidos. La capacitación sindical es una herramienta que debería ser potenciada con mayor dedicación. 

Hay muchas tareas pendientes que hacer, seguramente no muy complejas, pero que requieren mucha generosidad. A lo mejor, como ayer, ésta es una buena oportunidad para que jóvenes universitarios se unan a la tarea de los trabajadores en búsqueda de un país mejor, un país que sea una mesa para todos.

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