Colaboradores

25 Oct 2015
Colaboradores | Por: Rebeca Evangelista

Mi Patria ya no sufre

Que caminen nuestros pies hacia adelante, siempre adelante; que nuestros ojos sigan viendo la realidad pero que las miradas que de ellos salen no pierdan el brillo y esperanza de ver a nuestro azul y blanco con su rostro arriba.

Mi patria sufre. Ha sido traicionada por las mismas simientes de su vientre, los hijos por quien se ha desgastado día tras día. El Salvador es tan pequeño en territorio pero grande en historia para aquellos quienes hemos tenido el placer de nacer y crecer bajo sus alas.

Aunque a veces se hace tentadora la idea de buscar otros horizontes, de dar la espalda para caminar hacia otros rumbos y buscar un nuevo comienzo en un lugar nunca antes pisado por nuestros pies, el sonido entre tambores y flautas en la escuela vecina, me recuerda los días cuando el amor brotaba en mí por celebrar la libertad en mi país y me vuelve a atar al lugar donde nací.

Aún sin saber con exactitud el pasado de mi tierra y sin imaginarme el futuro que se ha convertido en el presente, me alegraba el corazón llenarme las manos de azul y blanco o aprenderme la oración a la bandera para recitarla frente a mis compañeros en medio de nervios y ansias.

Pero mi Patria sufre, manchada de sangre en el mismo lugar donde ayer rieron niños y jugaron inocentemente. ¿Cómo haber sabido que mi país lloraría tanto por sus hijos? ¿En manos de quién creció la esperanza de mi tierra? Mi Patria sufre un llanto en aquel cuarto donde la noche anterior durmió a gusto el hijo que enorgullecía a la familia.

En vano son las lágrimas por lo que ya se perdió, no así el tomar en nuestras manos los días que vienen, que se levanten las voces para exclamar que nuestra patria necesita un salvador, uno que lleva el nombre de todos los que tenemos vida para luchar por el valioso paraíso llamado “El Pulgarcito”; un salvador que cure sus lamentos y brinde esperanza a las nuevas generaciones.

Que se levanten nuestras manos por aquellas que fueron ya derrotadas y levanten a los que carecen de fe en El Salvador. Que caminen nuestros pies hacia adelante, siempre adelante; que nuestros ojos sigan viendo la realidad pero que las miradas que de ellos salen no pierdan el brillo y esperanza de ver a nuestro azul y blanco con su rostro arriba.

Que nuestros pensamientos cambien y desechemos aquellos que ven en deceso la vida del país. Sin perder la vista de la realidad, veamos El Salvador como vencedor, triunfante de sus muchas luchas, resplandeciente y con la batalla ganada.

Mi Patria ya no sufre, ve una luz de esperanza; de repente, no tan lejos, siente el corazón palpitante de un pueblo que se levanta para declarar vida, luz y esperanza, donde otros no pueden ver. Se observa más allá del mal, más profundo, El Salvador lo vale todo.

Mi patria ya no sufre, ve ojos que la miran con amor y con ansias de verla de pie nuevamente, sin flaquear. Escucha una voz que se une a cientos diciendo: “Yo soy el salvador de El Salvador, yo soy la nueva generación, yo soy el cambio, yo soy la esperanza, yo soy el que deja un nuevo legado a los que vienen detrás de mí, yo soy salvadoreño”.

Mi patria ya no sufre, escucha palabras de vida; hay un pueblo que todavía cree en ella. Mi patria ya no sufre, siente las manos trabajadoras que luchan por ser una generación diferente; mi patria ya no sufre, la sangre ya no corre por sus veredas y sus calles. Ya no sufre, mi patria ha vencido.

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