Colaboradores

17 Mar 2013
Colaboradores | Por: Ricardo Velásquez

¿Más vale decepción conocida que oportunidad por conocer?

Estaba leyendo la crónica de una candidatura anunciada. Otra vez el expresidente Saca, queriéndose subir al podio presidencial. Terrible frustración me golpeó de súbito. Solo la disciplina de la reflexión, me hizo considerar la oportunidad de superar un reto complejo. ¿Cómo hacer para comunicar mi frustración sin ofender? Tengo que iniciar pidiendo perdón por anticipado a cualquier lector delicado, con poca tolerancia a la franqueza. Si has asimilado el statu quo cual costumbre de obligatorio cumplimiento, ni eres mi destinatario ni soy tu comunicador.

¿Sabes qué pasa? Yo no soy muy buen manipulador, aunque estoy conciente del gusto popular por la demagogia. No tengo la capacidad de decirte lo políticamente correcto o lo que vos querrás oír. Nunca aprendí cómo endulzar cabezas. Más bien, soy un terco apasionado, con la misión auto impuesta de despertar talentos a cachetadas. Ya sé que no es lo más eficiente, pero ese ha sido mi método.

Para innovar y para que no se claven, hagámoslo cuento.

Había una vez, en una tierra llamada “Las culebras”, un burlador de señoritas, apodado el encantador de culebras. Novio de muchas, abusivo y sin vergüenza, este personaje se había hecho el reto a sí mismo, de enamorar a todas las doncellas de la región. Ya tenía, en su lista de conquistas, un buen grupo de seguidoras. Pero no le bastaba con enamorar a cuanta cipota se le atravesara: quería conquistarlo todo. Quería ser: ¡el amo de las culebras!

Para quienes estén familiarizados con Don Juan Tenorio, Giacomo Casanova y otros estereotipos del burlador de Sevilla, a ese novio me refiero.

Este personaje tenía un talento natural para endulzar el oído, manipular a las masas y predicar su propia voluntad como provecho del prójimo. Y es que conocía un secreto de esa zona que lo ponía en ventaja ante otros pretendientes. La mayoría de las cipotas eran cómodas, ilusorias, incultas, de memoria corta y estaban aburridas y descuidadas. No entendían de planes a futuro, propuestas serias, cortejos formales ni credenciales, antecedentes y reputaciones.

El encantador de culebras, solo tenía que regalarles algún colorete, cantarles alguna poesía y susurrarles al oído lo que las cipotas ansiaban oír: “Te voy a llevar a Miss Universo, te compraré la casona más grande, te haré famosa, hablemos bien de vos.”

¡Y ya caían rendidas a sus pies!

El encantador de culebras hizo lo que quiso, hasta que a la región llega un grupo de auténticos galanes, intachables, decentes, cultos, con propuestas formales y le enseñaron a las señoritas  a darse su lugar y ser responsables. 

Y hablo de “decepción conocida”, porque confieso que ya una vez voté por Saca. Pido perdón de nuevo, pero el estado en que le entregó nuestra nación al actual presidente fue simplemente lamentable. Comparto la culpa con quienes no nos hemos esforzado lo suficiente, para que los salvadorenos estén mejor formados, recuerden, ponderen y analicen propuestas viables, sostenibles; para que podamos distinguir entre la promesa a corto plazo de llevar la Selecta al mundial versus la promesa acompañada de acciones, de erradicar la corrupción de nuestro futbol. La sabiduría de los refranes dice que: “Gallina que come huevos, ni que le quemen el pico”, o “Cuando el río suena, es porque piedras trae.” Ya no recuerdo el otro: “Prometa y prometa…” ¿cómo era?

 

 

*Colaborador de MedioLleno

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