Colaboradores

14 Nov 2015
Colaboradores | Por: Marcela Recinos

Más pensadores, menos fanáticos

Las fieras políticas son expertas en la manipulación, ocupando términos seductores y escogiendo delicadamente cada palabra que van a decir. Muchas de ellas se aferran y aprovechan del nacionalismo para despertar ilusiones en los ciudadanos, sin ninguna intención verdadera de cumplir esos objetivos. Como dijo George Orwell, el nacionalismo es el «hambre de poder atemperada por el autoengaño», utilizada como herramienta por los políticos sin escrúpulos para ganar más poder. Nos engañan haciéndonos creer que tenemos que hacer todo lo que ellos proponen «por amor a la patria».

¡Qué justificación más absurda! Si el amor a la patria no es marchar junto al partido político de preferencia. El verdadero amor a la patria es defender nuestros derechos individuales, cuestionando al gobierno y luchando por nuestra propia libertad.

El fanatismo por un partido político lleva a perder de vista el verdadero fin del Estado. Por eso, en medio de tanta politiquería, se necesita del pensamiento crítico para diferenciar lo cierto de lo falso.

Pero, ¿cómo podemos convertirnos en pensadores? La respuesta es simple: tenemos que educarnos y culturizarnos para formar un pensamiento crítico. El arma más poderosa de los ciudadanos es la educación, ya que una sociedad culta es la barrera que aleja a los políticos de la corrupción. Thomas Paine, filósofo norteamericano, dijo que «el deber de un verdadero patriota es proteger a su país de su propio gobierno» Y es porque un patriota, un nacionalista, lo que realmente defiende es a su país y no al gobierno oportunista que esté de turno.

Veamos lo que pasa a nuestro alrededor, preguntémonos el «por qué» de las ideas que antes apoyábamos a ciegas, confrontemos la manipulación de los políticos, y cambiemos nuestro día a día. Dejemos de creer en todo lo que oímos y mejor comencemos a aprender cosas nuevas en las que podamos creer. Forjemos nuestro propio pensamiento antes de aplaudir una acción y aprendamos a criticar, quedándonos con lo bueno y descartando lo malo. Seamos ciudadanos de cambio, no nos conformemos con ser solo un cambio de ciudadanos. No podemos seguir aceptando todo lo que dicen nuestros políticos, aun siendo de nuestro agrado. Juzguemos todo, venga de donde venga.

En El Salvador, así como en todo el mundo, lo que realmente necesitamos son más personas que se atrevan a cuestionar lo cuestionable, que digan lo que no está bien y exijan el cambio. Necesitamos dejar de pensar que lo que está mal podría estar peor. Necesitamos más personas que vayan en contra de la corriente y que busquen la verdad detrás de lo oculto. Necesitamos dejar de esperar que unos cuantos nos cambien la vida. Necesitamos aprender a no aceptar excusas como respuesta; porque estamos dando mucho más de lo que recibimos. Necesitamos que nos cumplan lo que exigimos y que nos den los derechos que merecemos. En este mundo necesitamos que más personas se den cuenta de que como ciudadanos tenemos la obligación de ser pensadores y no más fanáticos del fracaso.

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