Colaboradores

1 Ago 2015
Colaboradores | Por: Ricardo Hernández

Más allá del #BuenVivir

 

Cada sábado, nuestro presidente lleva a cabo su programa Gobernando con la gente, un espacio para una comunicación directa del gobernante con los ciudadanos. Paralelo a esto se desarrolla el Festival del Buen Vivir, un proyecto interesante donde se brinda, a los asistentes, atención médica, actividades culturales, recreativas y deportivas.

Los discursos del presidente suelen ser esperanzadores. Destaca los avances de su gestión y  hace, siempre, un llamado a la unidad y a la participación. También aprovecha a desligarse de las críticas y de los malos números que refleja Medicina legal, el bajo crecimiento económico, la poca y el ambiente de zozobra que viven los cuerpos de seguridad. Entiendo al presidente cuando hace un llamado a ser optimistas, su interés por trabajar juntos,  su afán por ayudar a estas comunidades con donativos médicos y agrícolas, pero lo que no me queda claro es su concepto de Buen Vivir. Lo logrado por el ejecutivo ha sido importante, pero considero que se ha dejado de lado lo importante y a la vez lo urgente. La seguridad del país es importante y urgente. Al menos yo estoy cansado de vivir con miedo. Me cansa ver a mi gente vivir con miedo. Me estremece encontrar comunidades controladas por pandillas, saber que hay colonias donde se prohíbe la entrega de recibos de servicios básicos, lugares donde, incluso, se les ordena a las mujeres cambiarse el “look” .  Buen Vivir, para mí, es vivir con la seguridad de poder desplazarme a cualquier colonia sin temor a ser interrogado o asesinado. Buen Vivir es poder iniciar un negocio con la certeza de no ser extorsionado ni amenazado de muerte. Un Buen Vivir es contar con instituciones de seguridad más confiables y fuertes. Buen Vivir no es solo entregar computadoras a los niños, sino procurar que esos niños, esos adolescentes, estén seguros y no sean obligados a integrarse a la pandilla.

Felicito al señor presidente por llevar estos festivales a cabo, pues sé que busca propiciar espacios para la convivencia en las familias salvadoreñas, pero una vez finalizado el acto, todo vuelve a la realidad, y el control del barrio vuelve a tomarlo las pandillas.

He leído el Plan El Salvador Seguro y he analizado cada uno de sus ejes. Tengo grandes expectativas para que todo eso se cumpla. Esperaría que dentro de un año, el negocio que está frente a mi colonia deje de ser extorsionado, que el señor que vende pan pueda volver a venderlo aquí, sin temor a ser asesinado porque viene de otro lugar. Esperaría que mis estudiantes dejaran de desertar del instituto porque los amenaza la mara de esa zona. Me encantaría que todo eso se materializara y nuestros líderes actuaran con más contundencia contra estas estructuras de terror. No basta con robustecer la presencia del estado en los barrios y colonias, sino cortar, de tajo, todo el accionar e influencia de estas organizaciones criminales. Sé que no será fácil, y que se necesitará del apoyo de la empresa privada, ONG, y la ciudadanía en general, pero el ejecutivo debería comenzar por tener un rol más protagónico y mantener una postura más firme contra los delincuentes. Solo así lograríamos tener un verdadero Buen Vivir. Un país que deje de vivir bajo la el miedo y dé paso a una sociedad más justa,  con más oportunidades y con una verdadera paz.  A eso le llamaría yo un verdadero #BuenVivir. ¿Podrá hacerse realidad en el país?

 

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