Colaboradores

30 Jun 2013
Colaboradores | Por: Jonathan López

Los sentimientos ciegos

Creo que todos hemos escuchado más de alguna vez la frase “el amor es ciego”, sin embargo me permito agregarle algo más: “el amor y los sentimientos son ciegos”. Muchos estarán imaginando las siluetas de dos personas abrazadas en la playa con una majestuosa puesta de sol como fondo y nubes en forma de corazón adornando el horizonte; lamento decepcionarlos, no pretendo hablar sobre eso.

Es un hecho que nuestra misma naturaleza hace que busquemos identificarnos e involucrarnos con distintas clases de grupos; desde los estudiantiles hasta los religiosos, por mencionar unos. No obstante, me resulta llamativo que en algunas ocasiones los sentimientos radicales y extremistas nublan el potencial y la objetividad que cada quien posee. Por ejemplo, existen temas tabúes que prácticamente son prohibidos siquiera mencionarlos, esos que cuando se tocan ponen el dedo en la llaga y se convierten en fuente de pleitos. 

Los indicadores que miden aspectos sociales y económicos de nuestro país son una bomba de tiempo, mientras más se acerca el período de elecciones menos podemos ser objetivos al discutirlos. Si se me ocurre decir que la economía no ha mejorado en los últimos 2 años lo más probable es que muchos “rojos” salgan con cuchillo en mano defendiendo el mandato de Mauricio Funes y quizás este le mande saludos a mi familia en su programa radial. Por el contrario, si digo que la actualidad es resultado de las malas gestiones anteriores también tendré un par de recados por parte de los del otro bando. Así que me limitaré a recalcar algo que no va en dirección alguna o tal vez en ambas: Dejémonos de tonteras, pareciera que somos niños “berrinchudos” que cuando algo no nos gusta lo repudiamos y jamás lo aceptamos, sin importar su contenido o sin analizarlo. Por ejemplo, no tiene caso determinar con quién se incrementó más la pobreza, si fue con Saca, Flores o si fue Funes; pensemos en lo que vivimos actualmente y lo que podemos hacer para cambiar las cosas.

Siempre he dicho que los fanatismos absurdos como “Yo soy rojo hasta la muerte” o “El Salvador será la tumba donde los rojos terminarán” están demás si de verdad queremos progresar como país. La guerra civil que nuestro país vivió en los 80’s dejó muchas secuelas, pero quizás las más importantes y las que impiden un verdadero progreso son las psicológicas. Hasta cierto punto comprendo a los que fueron partícipes del conflicto armado, pero no logro entender a los que tienen menos de 20 años y sienten rencor e inclusive odio solo porque alguien se los ha inculcado o les ha dicho que así debe de ser. Suena y es tan absurdo experimentar desprecio por otra persona solamente porque no comparte tu misma ideología política y/o económica.

En lo personal, creo y afirmo que nada tuve que ver en la guerra, no fui guerrillero ni tampoco militar; por lo tanto –espero no se entienda mal– poco me importa lo que pasó o dejó de pasar entre ellos. Sin embargo, también asevero que la mejor manera de respetar esa triste y sangrienta historia es observando sus estragos y tratar de cambiarlos de manejar conjunta como sociedad, sin importar el sexo, la edad o el estrato social. Muchos dirán que es fácil tomar la computadora y empezar a escribir sobre cualquier cosa, y tienen razón. Por eso, asimismo digo que lo duro es ir semana a semana a esos lugares donde tienen $1 al día para 6 niños y llevarles esperanza. Fácil es lavarme las manos con cualquier excusa y/o acusación barata y sin fundamento, lo difícil es conocer los hechos y basar los comentarios en ellos. Fácil es hablar, lo difícil es accionar. Los sentimientos son ciegos, pero depende de nosotros si también nos dejamos llevar por ellos.

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