Colaboradores

12 Abr 2015
Colaboradores | Por: José Manuel Zepeda

Los salvadoreños son buenos para nada

No te acomodes, lucha por lo bueno,  actúa por tus metas, los resultados vendrán. Como dijo Roque Dalton en el Poema de Amor: “los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo”, los capaces de todo. Los buenos para todo.

No sé a quién le convendrá tener un puñado de gente que no cree en sí misma, pero cada día esta sentencia que lleva como título esta columna se ha difundido en el subconsciente salvadoreño de creer que no servimos para nada, excepto para todos los estereotipos negativos con los que hemos sido cada día etiquetados a nivel mundial. Cada vez nos creemos más que en verdad somos la pulga de América; esa pulga que estorba, que no produce, que sólo sirve para succionar la sangre de otro. En otras palabras, el subconsciente mental colectivo salvadoreño se acostumbra a vivir con la idea de que somos un parásito y que así estamos destinados a morir.

Tenemos tan metida en la mente la idea de que somos un país pobre, subdesarrollado y pequeño, que muchos han terminado realmente sintiéndose así. Nos han inculcado desde la escuela que no podemos soñar en grande y luchar por esos sueños, como si aspirar a ser mejor cada día fuera derecho de uno pocos.

Nos hemos acostumbrado a poner una y mil excusas, ya no estudian en la universidad porque no hay recursos, no hay trabajo, no soy inteligente, no sirve de nada, etc. No estoy diciendo que para ser exitoso debas ir a la universidad, no necesariamente; pero, si dejas de hacerlo no por esa convicción sino por excusas, estás cada día haciendo vida que los salvadoreños son buenos para nada.

En lugar de alegrarte porque un amigo emprendió un negocio, resulta que te entristeces y comienzas a criticar, a augurarle el futuro menos prometedor; en otras palabras, desanimas y no te alegras que otro se haya atrevido, que otro no se ha quedado con lo brazo cruzados y por haber actuado están más adelantado que tú.

Muchos salvadoreños tienen ideas muy buenas, excepcionales, funcionales y rentables; pero, no se han aventurado a luchar y concretar esas ideas, al contrario, se han acomodado trabajando por las ideas de otros. No confían en sí mismos, no se creen capaces, no se sienten inteligentes; creen que el éxito no es para ellos.

A pesar de tanta desconfianza, desmotivación, falta de anhelos y comodidad, a pesar de todo eso, aún hay salvadoreños en los que su rostro brilla el sol de la autoconfianza, la luz de la superación y el deseo de ser mejor cada día, esforzándose con humildad y honestidad.

Ese estudiante que solo tiene para el pasaje, pero que madruga cada mañana a tomar el bus. Ese jornalero que camina en medio de montañas para ganar el sustento de sus hijos. Esa madre que no decide abortar, sino que pare a su hijo, lo cría y lo educa, no importa si es soltera. Esa madre que aunque esté enferma abre su negocio cada mañana.

En fin, tantos ejemplos que nos confirman que la frase los salvadoreños no servimos para nada es totalmente falsa. Aún podemos aprender mucho de la actitud de autoconfianza de muchos salvadoreños, que a pesar de tanto político cínico que sólo busca su beneficio, aún esos salvadoreños siguen creyendo en esta patria que nos ha visto nacer.

Aunque la política barata y sucia nos tenga hartos. Aunque cada día el país se sumerja en una vorágine de delincuencia y desconfianza descomunal, aún podemos crecer como país, siempre y cuando tú y yo creamos en nuestros sueños, actuemos y no nos inmovilicemos por el temor a equivocarnos.  Inténtalo, si deseas algo, lucha por ello, porque nunca serás más que perdedor que nunca habiéndolo intentado.

Cambiemos de actitud, no somos la pulga de América, somos  el gigante de América, el David de América, capaz de derrocar a cualquier Goliat que quiera oprimir nuestros sueños y anhelos. No eres pulga ni pulgarcito, eres grande, eres David, eres salvadoreño.

No te acomodes, lucha por lo bueno,  actúa por tus metas, los resultados vendrán. Como dijo Roque Dalton en el Poema de Amor: “los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo”, los capaces de todo. Los buenos para todo.

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